Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Editorial:

El desafío de YeItsin

BORS YELTSIN ha decidido coger el toro por los cuernos; en vez de las interminables discusiones para pactar entre repúblicas acuerdos que luego quedan en nada, ha decidido realizar en Rusia una reforma económica utilizando una "terapia de choque": liberalizando los precios antes de fin de año, legalizando la compra y venta de tierra e instaurando una verdadera economía de mercado. En un momento en que crecían las discrepancias entre sus propios colaboradores sobre el camino a seguir, Yeltsin ha decidido asumir él la jefatura del Gobierno, además de la presidencia de la República. Contrariamente a la imagen que se ha presentado de él en Occidente, como un populista inclinado a la demagogia, asume ahora toda la responsabilidad en una empresa particularmente difícil y que será todo menos popular. Yeltsin no ha disimulado que su plan significará inevitablemente un descenso del nivel de vida, si bien espera que en el otoño de 1992 empiecen a notarse mejoras en la situación económica.Esta iniciativa, respaldada ya por el Parlamento ruso, es sin duda la decisión política más importante que se ha producido en la URSS desde el golpe de agosto pasado. Entre los economistas existen discrepancias sobre las posibilidades de que el plan pueda realizarse. Pero él equipo que ha preparado el plan, encabezado por Egor Gaidar, piensa que los efectos de la subida de los precios pueden ser suavizados con medidas especiales para los productos más indispensables. El plan prevé asimismo acelerar las privatizaciones con el objetivo de consolidar, en breve plazo, unas 10.000 fábricas y tiendas. Hay ciertas semejanzas entre este proyecto y el que ha sido aplicado en Polonia en los últimos dos años, con una reacción negativa de la población expresada en las últimas elecciones. Si bien en Rusia las dificultades serán considerablemente mayores que en el caso polaco.

En el plano político, Yeltsin ha pedido -y obtenido del Parlamento- unos poderes extraordinarios que le permitirán gobernar por decreto y dejar sin efecto las leyes, tanto rusas como soviéticas, que contraríen su política. Es más, ante la existencia de órganos locales apegados al antiguo sistema -y de nacionalidades rebeldes a la autoridad de Rusia-, Yeltsin podrá, en virtud de sus poderes especiales, destituir y reemplazar los órganos reticentes a su política e impedir que se celebren elecciones en todo el territorio ruso hasta diciembre de 1992. Tal concentración de poder no puede por menos de suscitar inquietud para toda mente democrática. Pero lo cierto es que el grupo Rusia Democrática - el que más ha luchado por el respeto del Estado de derecho- ha dado su apoyo a esas medidas excepcionales.

¿Qué efecto tendrá esta nueva política de Rusia en las relaciones con las otras repúblicas? Yeltsin ha dicho que está dispuesto a hacer la reforma de acuerdo con el resto de los Gobiernos de la URSS que han conformado una primera unión económica, sobre todo conservando una moneda única. Pero ha advertido que si otras repúblicas crean su propia moneda, Rusia tomaría el control del banco central soviético y emitirá también la suya propia.

En todo caso, el anuncio de la reforma rusa parece que ha servido para reforzar la voluntad conciliadora por parte de otras repúblicas. Ucrania -segunda república de la URSS, y cuya actitud es fundamental ,para cualquier posibilidad de nueva unión- ha anunciado, con Moldavia y Azerbaiyán, que firmará la unión económica. Por otra parte, el Comité Económico Interrepublicano (CEI), que encabeza Iván Siláiev, antiguo colaborador de Yeltsin, ha decidido una fuerte devaluación del rublo para acercar el cambio oficial al real. Es probable que, más que los llamamientos dramáticos de Gorbachov, la decisión de Rusia de iniciar autonomamente la reforma sea un estímulo para que las otras repúblicas acepten al menos un marco mínimo de acuerdo económico. Ello permitiría mantener una moneda única y, consiguientemente, facilitar el desarrollo de las medidas de ayuda y cooperación de los países occidentales.

Por otra parte, el CEI ha decidido, como había pedido Yeltsin, suprimir 80 ministerios centrales cuya existencia ya no se justifica. Ello apunta a que, si se mantiene una estructura de la nueva unión, será muy ligera, más bien de coordinación, y que la gestión real descansará de manera esencial en las repúblicas. En esta etapa de confusión, si Yeltsin logra que su reforma radical tome cuerpo en Rusia, surgirá una zona de mayor claridad entre lás incertidumbres de la actual etapa transitoria soviética.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de noviembre de 1991