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Londres: tres opciones vara el aterrizaje

Londres aspira a seguir siendo la capital financiera de Europa. Y por ello ha invertido esfuerzos y dinero para contar con una buena red de comunicaciones internacionales. Tiene tres aeropuertos, uno de los cuales, Heathrow, es el de mayor tráfico del mundo. Consta de cuatro terminales (una doméstica y tres internacionales), comunicadas entre sí por metro y autobús, y absorbe a la mayoría de las líneas regulares internacionales. Está 24 kilómetros al oeste de la ciudad, pero en metro se tarda unos 40 minutos en llegar hasta Plecadilly.El segundo aeropuerto, Gatwick, está al sur de la ciudad y se especializa en vuelos chárters, aunque ha tenido que absorber algunos vuelos regulares domésticos e internacionales por la saturación de Heathrow. El acceso a Londres por carretera es extremadamente lento y complejo; dispone, sin embargo, de un tren con salidas muy frecuentes, que tarda un cuarto de hora en llegar a la estación de Victoria, en pleno centro.

Los dos grandes aeropuertos están, pues, muy bien comunicados con la ciudad. Pero no entre sí. Hay que utilizar una línea de autobuses que, aunque frecuente, es lenta. Tarda aproximadamente una hora, que puede convertirse en bastante más en horas de tráfico denso, lo cual supone un serio trastorno para quienes se ven forzados a cambiar de un aeropuerto a otro (por ejemplo, quien llegue desde el extranjero a Gatwick y tenga que enlazar con un vuelo interno en Heathrow).

El tercer aeropuerto, el London City, es novísimo. Fue inaugurado en 1987, y pretende satisfacer a los hombres de negocios que no quieren perder tiempo desplazándose a terminales lejanas, gente para la que -asar el metro resulta inconcebible. Está a sólo nueve kilómetros de la City, en los Docklands, el nuevo centro de negocíos londinense, y se comunica con el centro mediante autobuses, aunque sus usuarios suelen preferir la limusina y el coche de alquiler. Tiene vuelos regulares a París, Bruselas y Amsterdam, pero su especialidad natural son los aviones privados.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 22 de septiembre de 1991