El 'tour' de la sierra pobre

Sólo unas 80 personas, en su mayoría niños, se reunieron ayer, en la pequeña plaza de Cabanillas de la Sierra, a 52 kilómetros de Madrid, para comprar el pan del día y de paso ver la llegada de la III Vuelta Ciclista a la Sierra Norte, conocida como la sierra pobre de Madrid. La salida había sido a las nueve de la mañana en Buitrago de Lozoya, y en, honor al sobrenombre de la zona todo fue pobre y desorganizado. La Guardia Civil desvió equivocadamente a parte del pelotón. Sólo 24 corredores participaron porque únicamente tres equipos de los 10 anunciados asistieron al tour. Entre los ausentes estuvo el equipo de la Policia Nacional.Pero todos llegaron a la meta tras 115 kilómetros de pedaleo.Pasa a la página 2
Cabanillas festejó con entusiasmo la llegada de los ciclistas
Viene de la página 1En Cabanillas, un pueblo que sólo tiene censados 300 habitantes, muchas mujeres salieron con sus sillas a la calle para presenciar el fugaz paso de los corredores. "La verdad es que yo iba a por el pan y me he quedado a ver la carrera", comentaba una mujer entrada en años, mientras una de sus vecinas le pisaba las palabras diciendo: "No es que nos guste mucho el ciclismo, pero sí ver algo nuevo".
El tour se acercó ayer por segundo año consecutivo a esta pequeña localidad de la sierra madrileña. "Llevamos esperando desde las doce y media; como no lleguen pronto, vamos a tener que irnos a preparar la comida", aseguraba impaciente otra parroquiana cuando las agujas del reloj se aproximaban a las dos de la tarde y entre los corredores y la meta sólo mediaban unos minutos de pedaleo.
Mientras los corredores sufrían intentando coronar los puertos, la línea de meta, situada en la calle principal de Cabanillas, se convirtió en el lugar de cita de los lugareños.
El ganador de la etapa de ayer -este tour consta de tres- fue José Antonio Espinosa, de 21 años, que firmó algún que otro autógrafo. Espinosa parecía contento, a pesar del despiste que la organización tuvo en Miraflores de la Sierra.
La etapa discurrió, entre otros lugares, por Villavieja de Lozoya, San Mamés, Pinilla de Buitrago, Gargantilla, Alameda, Rascafría y Bustarviejo, así como por los puertos de Morcuera y Canencia, "lo más duro de la etapa", según confesó José Antonio Espinosa.
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