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Crítica:

La ciudad de las mujeres

22.10 / La 2

La città delle donne, 1980 (133 minutos). Director: Federico Fellini. Intérpretes: Marcello Mastroianni, Anna Prucrial, Ettore Manni, Donatella Damiani. Comedia.

Un hombre viaja en tren. Da algunas cabezadas. Al abrir los ojos, una bella mujer está ante él. La sigue, intenta conquistarla sexualmente en los lavabos. Ella baja del tren y él sigue siguiéndola. Por el bosque, hasta llegar a un raro edificio, un hotel lleno de mujeres que le acosan. Entonces huye el hombre. Pero una nueva casa, de un extraño sujeto, le reportará un nuevo contacto con el mundo de las mujeres. Sueño o no, el hombre está en la ciudad de las mujeres. Y nosotros, espectadores, estamos ante La ciudad de las mujeres, que es un viaje, un auténtico trip felliniano por el universo femenino. Mujeres de todos los tipos y de todas las condiciones en un espectáculo visual barroco, delirante, por momentos hipnótico, un calidoscopio multicolor de estirpe genuinamente cinematográfica. Una de esas películas en que ves al autor, que notas a Fellini en cada poro de la imagen. Como carrusel de imágenes y fantasías, La ciudad de las mujeres, no obstante, es una película inferior a, por ejemplo, Ocho y medio, que era otro carrusel, y ciertamente de antología. Sin dejar de tener interés -no hay película de Fellini que no sea interesante-, La ciudad de las mujeres aparece superficial. Digamos que es un dibujo virtuoso, pero en exceso fácil. A Fellini hay que pedirle algo más, sabiendo que él, como pocos, puede ofrecer siempre más. Por otro lado, ésta es la primera ocasión en que, fallecido recientemente, Fellini ya no podía contar en la banda sonora con Nino Rota. Y La ciudad de las mujeres pedía a voces ensordecedoras la música del maestro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 25 de julio de 1991