Aprender a morir

Un centro de Londres enseña a enfrentarse a la muerte con naturalidad

Unos 80 comensales asistieron el domingo en Londres al nacimiento del Centro de la Muerte Natural, una iniciativa que pretende recuperar la naturalidad de lo que -después de todo, y como recuerda el promotor de la idea, Nicholas Albery- no es sino el rnás inevitable de los procesos. En torno a una selección de platos vegetarianos, la conversación giró en sobre gangrenas, cánceres terminales, eutanasia, morfina, deseos de convertirse en abono, cursos sobre muerte en televisión y féretros reciclables.

El Centro de la Muerte Natural nace con un triple objetivo: ayudar a morir en armonía física, emocional y espiritual; romper con el tabú de la muerte, y rescatar a la familia y al moribundo de las heladas garras de las instituciones. El 60% de los británicos fallece fuera de casa, en un alto porcentaje de casos en contra de la voluntad del paciente y de la propia familia, según Malcolm Johnson, uno de los asesores del centro y profesor que prepara un curso sobre Muerte y Morir para la universidad a distancia por televisión.Albery, alto, de rostro anguloso, voz aguda y un cierto (¿inevitable?) aire funerario, establece paralelismos entre el morir y el nacer y aspira a que "este centro ayude a crear la nueva profesión de comadrona para la muerte, familiarizada en el consejo, los rituales y la sabiduría de muchas culturas". Esta función la desarrollaría idealmente cualquiera de los miles de personas que han dado algunos pasos en el más allá -diferentes en el ámbito (luz, tiniebla, calidez, voces, visiones), pero siempre en una paz que invita a quedarse- y han vuelto para contarlo.

Fobia hospitalaria

Christianne Heal, una psicoterapeuta que lleva ya tres años impartiendo cursos sobre la muerte y el modo de encararla, mantiene que el hablar de ello sirve para desahogar temores y tensiones. Los comensales se desahogaron sin cortapisas, al principio con sus compañeros de mesa y luego sometiendo sus experiencias -emotivas y, pedestres, humorísticas y dramáticas- y esperanzas al conjunto de los reunidos. La ambición más compartida es devolver al hogar al moribundo y a la familia, forzados a atravesar el trance de la muerte en entornos "propios de un negocio en marcha", plagados de ruido, luces y desentendimiento psicológico de los profesionales.La fobia hospitalaria se deslizaba entre bocado y bocado. "La muerte es inevitable, pero hay muchas formas de morir y hay elección", es la consigria que desea impartir el centro, que, de momento, apenas hace proselitismo, dispone de la bibliografía pertinente y prepara trabajos sobre el fenómeno. "Tenemos catalogados unos 3.000 rituales funerarios", respondió orgulloso Albery a un asistente, que tabaja con enfermos de sida y dijo haber asistido a cientos de formas de morir y ceremonias fúnebres.

Una de las primeras acciones del centro ha sido pedir al Gobierno que ponga fin a lo que considera monopolio ilegal de las funerarias, que impiden que el interesado se haga con las materias primas para construir su propio féretro. "Algo Falla en los servicios funerarios del Reino Unido, cuando el funeral más barato cuesta 595 libras en Londres y en Francia cuesta 140", escribe Albery en carta dirigida a la Oficina de Corripetencia Legítima, en la que alerta de la existencia de una,fabricante que "vende féretros al por menor, completos con tiradores, por 45 libras". El centro también acaricia la idea de alquilar féretros "a bajo coste a gente que desea funerales verides". El cadáver sería enterrado o incinerado en una bolsa y la caja, devuelta.

El criterio econórnico encontró un barroco crítico en Julian Litten, historiador funerario, que hizo un alegato a favor de los funerales a la antigua. "Yo quiero caballos, carrozas, música, brocados... Quiero irme con un ¡bang! Es tu cuerpo y haces con él lo que quieres Lo barato es vulgar. Si una boda cuesta 5.000 libras, por qué va a costar sólo 500 un funeral".

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