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Los titubeos del presidente

¿Cómo debería elegir un presidente a un entrenador?Debería consultar con los asesores técnicos del club. Pedir informes sobre los nombres más válidos para las condiciones de sus jugadores. Preguntar sobre esquemas, personalidades, éxitos, debilidades... Luego, debería hacer una primera selección que discutiría con los asesores. Y, una vez escuchados éstos, debería tomar una decisión. Eso sí, siempre después de haber construido un criterio sobre la personalidad futbolística que se le quiere dar al equipo. El elegido puede fracasar, pero es el sistema más razonable.

¿Cómo elige Mendoza a un entrenador?

Cuentan que se inclinó por John Toshack porque le gustaba más su corbata que la de Vicente Cantatore. Mendoza nunca ha confirmado la anécdota, pero, conociéndole, es creíble. El presidente funciona por impulsos, por simpatías y antipatías; por la imagen de las personas, por la opinión escuchada en un restaurante o leída en una gacetilla.

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De Maturana dicen que le parece que su concepción del fútbol es muy filosófica. Fantástico. El problema no es el sistema de juego, una zona revolucionaria y arriesgada admirada incluso por Arrigo Sacchi, que le elogió durante el Mundial. El problema es que Maturana es muy filosófico. Mendoza es dubitativo por naturaleza y teme profundamente al fracaso. Puede que Maturana o Aragonés no sean los técnicos ideales para el Madrid. Pero da la sensación de que Mendoza ha abierto más un debate estético que técnico. Son sus viejas dudas, las mismas de sus cinco primeros años de mandato.

¿No iba a cambiar?

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 16 de abril de 1991.

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