_
_
_
_
_

Mogadiscio, ciudad sin ley

El terror no ha desaparecido de la capital de Somalia, pese a la caída de Siad Barre

Los cadáveres han desaparecido de las calles, pero el hedor de la muerte se percibe todavía en la capital de Somalia, Mogadiscio. Una capital violada y saqueada. Casi dos meses después de que una revuelta popular derrocara al dictador Siad Barre, la ciudad está prácticamente controlada por un grupo de hombres de negocios y miles de adolescentes bien armados y de gatillo fácil. Mientras las sepulturas aumentan fuera de los pocos y saturados hospitales de Mogadiscio, la ruptura es total entre los numerosos y arraigados clanes.

Al caer la noche comienza el carnaval, fuegos artificiales de disparos ininterrumpidos y excepcionales tracas de balas. Se prolongan durante toda la noche en el exterior de Towfiq, el único hotel de Mogadiscio aún abierto. Son las milicias de adolescentes que utilizan sus armas automáticas contra los miembros de clanes rivales en su pugna por el petróleo, cada vez más caro y escaso, aunque a veces diaparan por diversión.Después de 30 días de lucha con fuego de artillería y cohetes no queda mucho de lo que una vez fue una ciudad bellísima. Todos los edificios, embajadas, bancos, comercios y casas particulares abandonadas han sido saqueados y destrozados. En Mogadiscio viven ahora unas 750.000 personas. Al menos 25.000 perdieron la vida durante la guerra.

Persecución histórica

"Siad Barre no va a encontrar nada si vuelve alguna vez", dice un miliciano en la vieja calle comercial Vía Roma. La milicia que controla la ciudad se ha asegurado de esto. Incluso el banco de sangre de la Cruz Roja Internacional ha sido destruido en esta persecución histérica de la instituciones establecidas duran te los 21 años que estuvo Siad Barre en el poder.

El palacio presidencial y vivienda particular de Barre, Vila Somalia, que se levanta sobre una colina, desde donde el régimen se defendió hasta el final, está ocupado ahora por una fracción de la guerrilla del Congreso de Somalla Unida. Algu nos cadáveres de tres semanas acaban de ser enterrados, pero el olor sigue siendo terrible. Nada queda del dormitorio de Siad Barre y sus dos leones han muerto de hambre en el zoo que había fuera.

Desde Vila Somalia es fácil ver las heridas que los boinas rojas, los guardias presidenciales infligieron a la capital con su artillería y sus cohetes antes de huir hacia el Sur. Algunos tanques T52 rusos quemados, un regalo del líder libio, Muarnmar el Gaddafi, ilustran la derrota del régímen.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.
Suscríbete

Según algunos documentos descubiertos, Siad Barre intentó en el último minuto ofrecer 600.000 dólares a mercenarios surafricanos para que repararan y pilotaran la paralizada fuerza aérea nacional en un desesperado intento final para permanecer en el poder. Ahora el anciano Barre, de casi 80 años, se esconde en Garba Harre, una pequeña población próxima a la frontera entre Kenia y Etiopía, protegido por los boinas rojas que reclutó entre su propio clan Marehan. Los restos del Ejército gubernamental controlan el puerto de Kisimaio al Sur, a las órdenes del antiguo ministro de Defensa, Morgan, quien, según algunos informes, planea utilizar parte del dinero robado en Mogadiscio para comprar armas nuevas y reclutar mercenarios.

Presos en la calle

La vieja prisión de estilo italiano de Mogadiscio, próxima al puerto, está completamente destruida y todos los presos en libertad. Osman, un antiguo preso, muestra las oscuras cuevas de la prisión y el lugar del puerto desde el que los prisioneros eran arrojados a les grandes tiburones blancos que cazan cerca de la costa somalí. "Matamos a todos los guardias", dice Osman con una sonrisa, y confirma que en esta guerra civil no hay prisioneros.

En el hospital mental de Mogadiscio, 180 pacientes se han hecho con el control y un joven con una gran pistola dirige a sus compañeros. "A uno le mataron de un disparo el otro día, tras vestirse con el uniforme y la boina roja de los guardias del presidente. Muchos ni siquiera saben que hemos tenido guerra, dice un joven miliciano sonriendo.

El hospital de la ciudad infantil SOS es uno de los cinco de durante las batallas en la ciudad. Willy Hober, un italiano que dirige el centro, dice que cada día llegan alrededor de 200 pacientes. "Niños desnutridos, casos de disentería, gente con heridas de arma de fuego e incluso enfermos a causa de la guerra llegan aquí", dijo Hober, quien consiguió organizar varios transportes aéreos de alimentos y medicinas. Hay dos cadáveres a la espera de ser sacados de una habitación y una joven enfermera enseña un jardín próximo en el que, en los últimos días, se ha cavado una línea creciente de tumbas. "Se entierran aquí millares, muchos en la misma fosa", dice cansadamente.

El ministro de Sanidad, Nur Elmi Osman, que estuvo en el pasado en Ayuda Internacional, se muestra preocupado por la pequeña y lenta ayuda que el mundo está prestando. "la guerra del Golfo está eclipsando a todo. Piense lo que podríamos hacer con el dinero que cuesta un misil Tomahawk .... Apelo a mis amigos de Ayuda Internacional en el mundo occidental para que no esperen a que Somalia sea un lugar seguro y actúen ahora".

El nuevo presidente interino de Somalia, Ali Mahdl Mohamed, vive en una villa grande y hermosa que ha sobrevivido milagrosamente al fuego de artillería y a los cohetes. Ahora la casa está custodiada por una banda le adolescentes bien armados. -omo casi todos los componentes del nuevo Gobierno, Mahdi pertenece al clan Hawaiye y es un hombre de negocios, propietario de varios grandes hoteles n Mogadiscio. "Este mes se eunirán todos los grupos en ,logadiscio y me retiraré si ésa s la voluntad del pueblo", delara el presidente Mahdl v1ohamed.

Cooperación militar

El Movimiento Nacional Somalí (SNM), formado básicamente por el clan Isaq y que controla el norte de Somalia, no ha reconocido al nuevo presidente. El movimiento Patriótico Somalí (SPM), del clan Ogadén en el Sur, ha dejado incluso de luchar contra las tropas leales a Siad Barre y lucha ahora al lado del antiguo dictador contra el Congreso de Somalla Unida (USC) del clan Hawalye. Éste, uno de los mayores del país, ha sido gobernado durante 20 años por el pequeño clan Marehan, de Barre. Sólo empezaron a actuar cuando el dictador mató a miembros del clan el año pasado en el estadio nacional.

En agosto del año pasado, SNM, SPM y USC firmaron un acuerdo de cooperación militar y política para derrocar al régimen. Cuando el año pasado, poco antes de Navidad, los Hawaiyes consiguieron hacerse durante una revuelta popular espontánea con lotes de armas y obtener apoyo de muchos desertores del clan del Ejército gubernamental, la guerrilla de USC estaba todavía lejos de Mogadiscio. Muchos habitantes de Mogadiscio se unieron repentinamente a USC cuando el derrocamiento del dictador fue un hecho; uno de ellos fue el nuevo presidente Mahdi Mohamed.

El presidente Mahdl no quiere hacer ningún comentario sobre las declaraciones de los miembros de USC en el exilio que no le reconocen como presidente o líder de USC. Mahd1 tampoco hablará del líder militar del USC, el general Mohamed Farah Aldid, el hombre que Ermó en agosto el acuerdo con SNM y SPM. "El general Aldid está loco por el poder", dice el nuevo presidente.

No obstante, nadie cree que llegue a celebrarse una reunión en Marach ni que se solucione la guerra civil en Somalla mientras el presidente Mahdl Mohamed y sus colegas de negocios sigan en el poder.Miles de somalíes desesperados se reúnen diariamente en el aeropuerto internacional de Mogadiscio con la esperanza de conseguir una plaza en uno de los pocos aviones de transporte que se atreven a aterrizar en la cludad. La atmósfera es muy tensa en el aeropuerto, la milicia empieza a disparar al aire y algunas personas empiezan a luchar. En el suelo, una niña juega con las balas de un AK-47. Todo el mundo lleva una pistola. En Mogadiscio no hay escasez de municiones ni balas.

Regístrate gratis para seguir leyendo

Si tienes cuenta en EL PAÍS, puedes utilizarla para identificarte
_

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_