Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:GENTE

Sadako Ogata

Nueva comisaria de la ONU para los refugiados

No es habitual que un japonés desempeñe un cargo ejecutivo en los organismos internacionales, y menos si es una mujer. Sadako Ogata es casi una excepción a la regla. En realidad, una excepción completa, porque no sólo es el primer japonés, sino también la primera mujer en el mundo que dirige la Comisaría para Refugiados de la ONU, que tiene su sede en Ginebra y que le autoriza a tener rango de vicesecretario general de la organización. Ogata, que era hasta ahora decana de la Facultad de Estudios Extranjeros de la Universidad Sofía de Tokio y profesora de relaciones internacionales en ese centro académico regentado por los jesuitas, acaba de incorporarse hace unos días a su nuevo trabajo, en un momento en el que el final de la guerra del Golfo reaviva más que nunca el grave problema de los refugiados.La profesora Ogata, de 63 años, está casada con el vicepresidente del Banco de Desarrollo de Japón y tiene dos hijos. Quienes la conocen la definen como una japonesa atípica por haberse educado en el extranjero. Su padre fue un diplomático que estuvo destinado en Pekín y en Londres. Ella hizo la carrera en la Universidad del Sagrado Corazón de Tokio y luego obtuvo un master en relaciones internacionales en la Georgetown University de Washington y un doctórados en ciencias políticas en Berkeley (California). Ogata es una experta en temas de derechos humanos y posee una rica experiencia en el tratamiento de los refugiados. Hace 11 años fue nombrada embajadora especial de la ONU para la ayuda de los refugiados indochinos, y el año pasado dirigió una misión de esta organización internacional para informar sobre los abusos a los derechos humanos cometidos por el régimen militar de Birmania.

Ogata puso como condición, cuando fue nombrada, contar con el respaldo de su Gobierno, para facilitar así un mayor compromiso de su país en solucionar el tema, que ella reconoce que es insuficiente. Japón ha ido gradualmente aumentando la acogida de refugiados, pero es muy baja en comparación con otras naciones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de marzo de 1991