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Reportaje:GENTE

Concepción Martín

10 años de protesta ante la Casa Blanca

Desde el 1 de agosto de 1981, una gallega de Vigo vive las 24 horas del día en vigilia pacifista antinuclear frente a la Casa Blanca. Concepción Martín Picciotto, de 46 años, conocida como Connie, es la historia de una desesperación personal que le llevó a expresar su impotencia instalándose con un fardo de ropas y una pancarta a escasos metros del domicilio del presidente norteamericano. La acera del número 1.600 de la Pennsylvania Avenue, domicilio postal de la Casa Blanca, es también, desde hace 10 años, el de esta gallega, nacionalizada norteamericana, atormentada por un drama familiar y hoy dispuesta a seguir su dramática vigilia "hasta que Dios quiera".Connie comparte con otro pacifista -Thomas Doubting-, vecino de pancarta unos metros al lado, su vigilia desde 1981. Los dos, Connie y Thomas, son los veteranos de una protesta que forma parte del paisaje turístico de uno de los lugares más visitados de Washington, el parque de Lafayette, frente a la Casa Blanca. Concepción llegó a su vigilia pacifista, que dura ya 10 años, después de mover Roma con Santiago pidiendo ayuda para un dramático problema personal: un tribunal de Manhattan le concedió la patria potestad de su hijita al marido, del que Concepción acababa de divorciarse en 1974, un italo-norteamericano con el que se había casado cuando ella tenía 21 años. Del tormentoso divorcio, la emigrante gallega perdió a su marido, a su hija, su trabajo y su casa. Y desde entonces no volvió a ver a su hija, que ahora tiene 17 años.

"Yo quería irme a España para educar allí a mi hijita, pero mi marido y su familia se opusieron y montaron toda una campana de acoso hasta que acabaron quitándome la potestad de la niña. Dijeron que no era una madre adecuada", dice. "Aquí no hay justicia; todo es un negocio. Y yo fui una víctima de este sistema corrompido. Aquello fue una injusticia y un acoso del sistema social norteamericano, contra el que llevo luchando desde entonces, y así seguiré haciéndolo hasta que Dios quiera".

Ayudada, tan generosa como inútilmente, por grupos religiosos y de derechos humanos, Conme comenzó un peregrinaje por despachos políticos de Nueva York y Washington en busca de ayuda, que nunca obtuvo. En Madrid, el Ministerio de Exteriores tampoco le fue muy útil, ya que, le dijeron, había perdido su nacionalidad española. Y cansada, mareada y enloquecida en su frustración, un día, en 1978, comenzó a expresar su protesta portando pancartas frente a la Casa Blanca. Luego, el 1 de agosto de 1981, siguió el ejemplo de un pacifista, Thomas Deubting, que había comenzado una vigilia pacifista permanente, y se instaló con él. Desde entonces, sobreviven frente al acoso policial, las inclemencias del tiempo, las provocaciones de patriotas radicales y las agresiones de algún que otro loco que se acerca por allí. Las ordenanzas del Servicio de Parques y Jardines, que custodia la zona, les prohíben dormir en sacos, sentarse en sillas o portar más de una pancarta. Tienen que permanecer unos metros separados el uno del otro, y sus paneartas no pueden tener más de unas medidas estipuladas y que la policía se encarga de verificar a cada rato.

Concepción, que vive de la ayuda de particulares y de los donativos que recibe cuando regala unas piedras de la paz pintadas por ella, reconoce resignada la dureza de su campaña: "Me costó muchísimo ponerme aquí las 24 horas del día. Es un sacrificio enorme, pero seguiré hasta que Dios quiera".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 2 de marzo de 1991