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Tribuna:

La caducidad de la historia

La apropiación del presupuesto norteamericano por la vía del interés político, la pork-barrel, acabará dando al Pentágono el protagonismo económico mundial. Cuando en cierto grado había perdido su enorme peso tras las alarmantes cifras del déficit fiscal. Lo recupera con la decisión inapelable de enviar al Golfo el carro de Júpiter cargado de fuego.La caducidad de la historia, o por lo menos de una de sus ulteriores fases, es una sensibilidad creciente también en el mundo de las finanzas, tan dado a esperar y ver como a entrar en el exasperante frenesí del miedo a la inactividad. Saber cómo van a reaccionar los mercados a unas horas vista es casi tan difícil como entrar en los impenetrables secretos militares que esconden las cifras de bajas en el escenario rea de la guerra tras una cortina de comunicados. Los precios del brend y del oro son la única referencia en pie cuando el desconocimiento real de los combates ha devuelto el derecho a las referencias míticas sobre la milenaria Mesopotamia. Frente al estuario en el que confluyen el Tigris Y el Éufrates se pasean los dioses de la Iliada, mientras en cualquier mesa de dealers un operador colgado al teléfono recuerda que un exceso de información siempre desinforma.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 22 de enero de 1991