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Tribuna

La fuga sin fin

En la perspectiva económica, como en el espíritu romántico, el hombre analítico descubre la verdad en el momento en que desvela el sentir verdadero de su fuga sIn fin. Algo similar debieron sentir los estrategas de la inversión cuando a media mañana de ayer las cotizaciones se diluían entre los intersticios del último diente de sierra. Las alzas de días anteriores han acabado como el rosario de la aurora; ha sido como subir por una escalera en la que tras el último escalón se precipita un enorme vacío. Coincidiendo con la encarnación de Mahoma en los sueños de Sadam, las instituciones decidieron tomar posiciones al unísono pero, pocos días después, los cambios no han logrado mantenerse en el soporte alcanzado debido a la inestabilidad de los mercados internacionales. Los mismo sectores que descontaron con alegría la inyección de liquidez de los bancos, se han venido de nuevo abajo al primer soplo. La correlación entre los sueños de Sadam y el comportamiento de la industria de valores no es tan directa como hace unos días. Las bolsas españolas, pendientes de Wall Street y Tokio, han vuelto a sus problemas eternos y los bolsistas a la reflexión de Hölderlin: "El hombre es un Dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona".

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