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'Apostrophes', el programa literario más popular de Francia, estrena presentador

Después de 15 años de éxito infalible, el programa literario más popular de la televisión francesa, Apostrophes, ha cambiado de dueño y de nombre, y será conducido a partir de ahora por Bernard Rapp, un presentador de 45 años que poco o nada tiene que ver con el mítico Bernard Pivot. Los primeros resultados le han ganado ya un puñado de detractores.

Aparte del nuevo rostro, la nueva manera de hablar y las pequeñas metamorfosis formales preparadas, el programa parece a simple vista más o menos el mismo. Pero es mentira. Rapp, que es también muy simpático y sonriente, y un poco más guapo, considera que su antecesor, al reunir a varios escritores en torno a un tema e irlos entrevistando sucesivamente, creó el modelo televisivo más apropiado para comentar cada semana en 70 minutos la actualidad literaria.

Novela policiaca

Piensa también que no hay razón para realizar cambios en profundidad antes de haber hecho el rodaje, y más aún al ser "un aficionado" y no un especialista en la materia, como era su antecesor Pivot.Las novedades irán llegando poco a poco y serán discretas. Por ejemplo, ha anunciado prestar atención a la novela policíaca y a la ciencia-ficción; y quizá un día, Caracteres- como se llama ahora el programa, de una sorpresa. Mientras tanto, y por consejo del maestro, lo que se propone el sucesor del rey de la lectura es seguir el modelo de Pivot, pero sin dejar de ser él mismo.

El reto es importante, pero en la primera batalla salió un poco mal parado. El clima del programa no fue todo lo fluido que debía ser, a pesar de que este licenciado en Derecho y periodista tiene una experiencia con la pantalla nada desdeñable, ya que con anterioridad fue corresponsal en Londres, presentador de los informativos de las ocho de la tarde durante muchos años, y últimamente conductor de tertulias extrañas.

Sólo novelistas

Las críticas más agudas lanzadas hasta ahora han aparecido en el diario Liberation, cuyas páginas le acusaron, al día siguiente de su primera actuación, de haber cometido uno de los peores crimenes posibles: el de dar su opinión sobre un libro "mostrando aires de sorpresa", algo que no ha sido considerado "de buen augurio". En apoyo de esta tesis, los críticos afirman que, durante al menos sus diez primeros años de programa, Pivot nunca se permitió tal osadía.Estiman también que éste no fue el único error, ya que el nuevo presentador tuvo la mala idea de reunir a cinco invitados, todos ellos desconocidos, y cada uno con una primera novela debajo del brazo. Pero eso no fue el problema, ni siquiera su escasa experiencia ante las cámaras y el miedo gélido que mostraron a veces y del que Rapp les sacó a duras penas. El problema fue que todos eran novelistas. "Y las emisiones menos logradas de Apostrophes eran precisamente aquellas en que sólo había novelistas". ¿Cómo no se dio cuenta Rapp?

Menos mal que este presentador, que ha dejado todas sus actividades profesionales para dedicarse a leer con fruición, a conocer el mundo literario francés y a presentarlo, se marcó un tanto indiscutible este viernes, con su segunda emisión, al invitar a los popes de la edición francesa Françoise Verny y Maurice Nadeau, que acaban de publicar sus memorias.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 25 de septiembre de 1990