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Los pescados inconfesables de los católicos italianos

Una encuesta entre párrocos de Roma revela que sus fieles no se acusan de faltas de corrupción

Los católicos practicantes italianos se confiesan sólo de pecados sexuales, especialmente de adulterios. Los llamados pecados sociales, como evadir impuestos a Hacienda o robar en el peso en los comercios, no -se consideran ofensas a Dios. Éste es el resultado de un sondeo realizado entre 100 párrocos-confesores de Roma, la diócesis del Papa, organizado por la revista católica Prospettive en el mondo.

Del estudio realizado, aparece bastante claro que, para los creyentes. italianos, en materia de pecado y miedo del infierno, permanece sólida y en primer lugar la obsesión del sexo.

Los párrocos afirman que, en términos absolutos, los pecados más confesados son los que se refieren a las "infidelidades conyugales", confesados sobre todo por las mujeres, las cuales suelen también acusarse de "desear el marido ajeno", mientras que los hombres consideran menos pecado "desear la mujer del prójimo", y muy raramente se confiesan de ello.

Los teólogos explican que esta diferencia entre hombres y mujeres no significa que éstas sean más infieles que los maridos, sino que ya atávicamente, desde los tiempos de la Biblia, se veía como un pecado más grave el adulterio femenino.

'Pecados sociales'

Por lo que se refiere a los llamados pecados sociales, como los delitos medioambientales, la evasión de impuestos a Hacienda, el incumplimiento de deberes ciudadanos, los timos o los pequeños robos y sobornos, los párrocos dicen que nunca suelen ser considerados como -tales y que, cuando ellos indagan, la respuesta es siempre la misma: "Eso, padre, no es pecado".

Y enumeran ocho de los pecados que los italianos no consideran como tales en la esfera de lo social: evadir impuestos a Hacienda; no dar el recibo fiscal; explotar a los empleados; aceptar mordida (soborno) para ayudar a alguien a ganar unas oposiciones; robar en el peso de las mercancías al venderlas al cliente, y robar en los grandes almacenes.

Algunos observadores señalan que el hecho de que los italianos no confiesen los vicios públicos se debe a la mala opinión que tienen de su Administración, ya que están convencidos de que "el Estado también es ladrón", porque los servicios que reciben de él son malos y caros.

Ya en otro sondeo realizado hace tres años entre 700 sacerdotes, el resultado fue que el pecado más confesado era el de adulterio, seguido por la masturbación y las relaciones prematrimoniales.

El aborto estaba situado sólo en el sexto puesto, seguido por el uso de preservativos. Todos los otros pecados, desde la violencia al robo o soborno, estaban en el último puesto de los mencionados.

Según el teólogo y diputado europeo Gianni Baget-Bozzo, todo ello se debe a que la Iglesia, durante demasiado tiempo, ha metido en la cabeza de sus fieles que los dos grandes pecados eran el sexo y el no ir a misa, y ahora se recoge el fruto de dicho lavado de cerebro.

Baget-Bozzo añade que sólo ahora, algún párroco, generalmente tachado de izquierdista, empieza a decir que el robar o defraudar a Hacienda o incendiar dolosamente un bosque es también pecado.

Un párroco romano, el de la rica parroquia de Santa Clara, ha afirmado, a raíz de este sondeo, que es dificil convencer a la gente de que "corromper a alguien para obtener un favor" o aceptar ser corrompido, sea pecado, ya que, afirma, "hoy, sin esos métodos, los italianos no conseguirían nunca nada".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de agosto de 1990