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Los policías del 'caso El Nani' aducen más de cien motivos contra su condena

A partir del miércoles 17, y en sesiones de mañana y tarde, la Sala Segunda del Tribunal Supremo estudiará los recursos de casación contra la sentencia del caso El Nani. Dos años después de que el comisario Javier Fernández Alvarez y los inspectores Victoriano Gutiérrez Lobo y Francisco Aguilar González fuesen condenados a penas de 29 años por falsedad y por la detención ilegal y desaparición de Santiago Corella, sus defensores intentarán obtener una sentencia absolutoria, reducir las penas o, en el peor de los casos, repetir el juicio. En esas tres jornadas esgrimirán más de un centenar de motivos para tratar de revocar la sentencia.Los tres policías condenados idearon una supuesta fuga de un detenido, Santiago Corella, El Nani, para encubrir su estado físico tras las torturas que sufrió para que se confesase autor de un atraco. Para evitar responsabilidades, decidieron llevarse a Corella fuera de la brigada y "aparentar que se les había fugado". La sentencia estableció que le trasladaron a un lugar "no determinado, que hasta la fecha no han querido revelar, careciéndose desde entonces de toda noticia sobre su situación o paradero".

Desde su comienzo, en abril de 1988, hasta su finalización, el 30 de julio siguiente, el juicio estuvo jalonado de incidentes. Los continuos enfrentamientos del defensor del comisario Fernández Álvarez, Emilio Rodríguez Menéndez, con el presidente del tribunal, Salvador Domínguez, y con el acusador de la Asociación contra la Tortura, Jaime Sanz de Bremond, fueron sólo la cotidiana referencia de un proceso interrumpido en cuatro ocasiones por amenazas de bomba, rastreos en dos pantanos en busca del cadáver de Corella y denuncias de las defensas por amenazas o por escuchas telefónicas. Dos policías de la brigada anticorrupción fueron denunciados en plena vista por el abogado Manuel Tuero por portar armas dentro de la sala.

Torturas

Especialmente, emotivo fue el testimonio de Angel Manzano, quien renunció a su libertad a sabiendas de que sería encarcelado si se presentaba a declarar. Tras varios amagos, Manzano se presentó en la sala y describió con crudeza las torturas que le infligieron a él y los gritos de El Nani. Fue la prueba de cargo definitiva para el tribunal, por más que Manzano tuvo que pagar su gesto con año y medio de cárcel.La vista de casación, sin embargo, estará desprovista de todos los golpes de efecto que rodearon el caso en la primavera y verano de 1988. Los recursos, cargados de tecnicismos jurídicos, se ventilarán entre profesionales del foro y en el ambiente solemne y riguroso de la Sala Segunda, sin acusados ni testigos ni rastreos de pantanos en busca del cadáver de Corella.

Los defensores centrarán sus esfuerzos en reducir las condenas o en buscar un motivo formal que dé pie a la repetición del juicio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de junio de 1990