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NECROLÓGICAS

Recordando al maestro, el doctor Luis Calandre Ibáñez 1890-1990

Se cumple ahora el centenario del doctor Luis Calandre Ibáñez, que fue el primer cardiólogo español que impulsó clínica y científicamente la cardiología española como especialidad independiente. Calandre era natural de Cartagena, hijo del doctor Calandre Linaza, prestigioso médico, y de Mariana Ibáñez Elías. En el año 1906, Calandre viene a Madrid e inicia sus estudios de medicina, que termina en 1911. En el Hospital Provincial tuvo como maestros a Santiago Ramón y Cajal, al doctor Juan Manuel Madinaveitia y al doctor don Nicolás Achúcarro, que sin duda inculcan en él su vocación docente y su condición de maestro en todo su sentido conceptual, pedagógico y humano.Calandre dedicó sus estudios e investigaciones a las enfermedades cardiacas, y en especial al estudio de las arritmias cardiacas, para lo cual durante la I Guerra Mundial, en el año 1917, tuvo que importar desde Alemania a Barcelona el primer electrocardiógrafo que tuvo España. Con el doctor Gustavo Pittaluga, en 1920, crea los Archivos de Cardiología y Hematología, primera revista cardiológica que tuvo gran acogida en el mundo científico. En 1927 la reina Victoria Eugenia le nombra médico consultor y de número especialista en enfermedades del corazón de la Cruz Roja Española, y a su servicio acuden médicos de toda España para iniciarse en cardiología.

Publicó numerosos trabajos y libros. Entre éstos, Anatomía y fisiología clínicas del corazón (1922), Enfermos del corazón reales e imaginarios (1934), Electrocardiografía (1942) y Tratamiento de las enfermedades del corazón (1942), libros que todavía hoy siguen teniendo valor formativo. Muy ligado a la Institución Libre de Enseñanza y a sus maestros, conoció a Alberto Giménez Frau, director de la Residencia de Estudiantes, donde le aconsejó se alojase y de la que fue médico. La Junta para Ampliación de Estudios le nombró director del Laboratorio de Histología, donde desarrolló una gran labor docente. Y, coincidencia circunstancial, la Residencia de Estudiantes, en nuestra guerra civil, fue Hospital de Carabineros, modelo de organización y atención sanitaria con profundo sentido humano, y del que Calandre fue su director. Luis Calandre estuvo también muy ligado al Instituto Escuela, donde estudiaron sus hijos.

A su consulta privada, dado su gran prestigio científico y humano, acudieron ilustres personalidades de la cultura española, entre ellos Ramón Menéndez Pidal, Juan Ramón Jiménez y José Ortega y Gasset.

Hay otra faceta en la vida del doctor Calandre unida a su personalidad. Quiero referirme a su formación humana. La finura exquisita de su espíritu, su cultura, el carácter afable y bondadoso en su trato, la dádiva generosa y desprendida que tuvo con cuantos se acercaron a él solicitando su consejo, que fue siempre ecuánime, fruto de su formación humana, que depura en su constante contacto con el ambiente cultural de la Residencia de Estudiantes y de la Institución Libre de Enseñanza. Era además humanista en el más puro sentido renacentista. Poseía una selecta biblioteca con antiguas colecciones. En ella había libros de viajes, arte e historia, reflejo de sus profundos conocimientos e inclinación vocacional artística. Desde su cargo honorífico en el Patrimonio de El Pardo defiende la instalación de fuentes como la de Somontes y derrumba las caballerizas del Palacio Real de Madrid para dar vista a una de sus más bellas fachadas, la que da a los jardines de Sabatini, librando a la vez a Madrid de un lugar insano. Su último libro, Árboles, es un canto a la naturaleza.

Como demostración de su riqueza bienhechora, citaré una estrofa que el poeta Antonio Oliver Belmás dedicó al fonendoscopio que utilizó Luis en su vida y que por bondad de su esposa y sus hijos heredé a su muerte. Dice así: "Lleva el honor, el arte, la prudencia la suprema virtud y la cadencia del que en el fondo de la tumba es trigo...".

Carmen Conde, también poeta y académica, dice: "Conocía las regiones del alma tanto como las del corazón, y en el Requiem que escribe a la muerte de don Luis, vierte en un bello y sentido soneto todo el cariño y emoción que le inspiró la vida de Calandre: 'Se llegaba a él con gruesa carga/ de oscuros sobresaltos o de tenaz asfixia / para dejar en la orilla de un mar acuciante / y acceder a la luz de una esperanza cierta / ... y más adelante, jamás escatimó ni su propia existencia / ¡y él era tan seguro como sólo la fe ... !-. Calandre murió de una endocartitis. En los últimos meses de su vida sufrió, espíritu entero, sin una queja, pues consideraba la muerte como un hecho natural, como el fin de una vida después de haber sido empleadas todas las fuerzas.

Un recuerdo a su esposa, Francisca Díaz, doña Paca, compañera ejemplar y amiga maternal de cuantos la tratamos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de junio de 1990