Un escritor en busca del 50% más uno
Esfuerzo frenético de Vargas Llosa para evitar una segunda vuelta electoral en Perú
Mario Vargas LLosa, de 54 años, recorre Perú y participa en mítines multitudinarios en un último esfuerzo para conseguir lo que se considera casi imposible: más del 50% de los votos emitidos en la elección presidencial del próximo domingo. El novelista metido a candidato doblará, casi con seguridad, el porcentaje de votos de cualquiera de sus contrincantes, pero esa ventaja no parece que sea suficiente para conseguir la presidencia en primera vuelta.
Vargas no tiene contrincante porque ninguno de los que disputan la presidencia le llegará, en número de votos, a la suela de los zapatos. Ni Luis Alva Castro, candidato de un APRA desprestigiado tras los cinco años de gestión desastrosa del actual presidente Alan García; ni Alfonso Barrantes o Henry Pease, los dos candidatos de una izquierda desunida y sin rumbo, sumida en la confusión ante el hundimiento del socialismo real en Europa y el empecinamiento en la ortodoxia de La Habana; ni la presencia del fenómeno Fujimori, un extraño peruano de origen japonés, que parece haber surgido como un kamikaze electoral en el último minuto.La interpretación que los juristas hacen de la Constitución peruana exige que, para ganar en primera vuelta, el candidato deberá tener el 50% de todos los votos emitidos, incluídos los blancos y nulos. Esto hace casi imposible la victoria de un candidato. La gente del Frente Democrático (FREDEMO), que apoya a Vargas, trata de no desanimarse y, luchan por evitar al país una segunda vuelta, que significaría un gran desgaste en la crítica situación actual de Perú, pero parece casi imposible lograr un resultado tan arrollador, que evite la segunda vuelta.
Gestos hieráticos
Vargas recorre la complicada geografía peruana en aviones alquilados y se desgañita en las plazas públicas hasta tres veces al día. El pasado lunes empezó en Cajamarca, a casi 3.000 metros de altura en los Andes, con un cielo tapado y algunas gotas de lluvia, en un valle que recuerda a Asturias, con verde y vacas incluídas. Unas 7.000 personas escucharon su discurso de tono subido, sin concesiones a la demagogia. Resulta difícil penetrar en las mentes de rostros indígenas que escuchan con gesto hierático al candidato, que pide "un voto en conciencia" a favor de la propiedad privada y la modernización de Perú.De Cajamarca Vargas voló a Tumbes, al lado mismo de la frontera con Ecuador, donde el clima es tropical. Cuando ya había oscurecido, llegó con su avión de ocho plazas y otra comitiva de aviones que le siguen a Piura, el escenario de una de sus novelas más famosas La casa verde, que anda por allí en las afueras y ya no es verde, sino blanca. Del aeropuerto Vargas se dirigió en caravana al hotel de la plaza, donde cambia de ropa y reposa algo más de media hora. Además de sus gentes de campaña, le acompaña su esposa Patricia y su hija Morgana y no falta tampoco una joven cantante, que anima los mítines y calienta al publico con sus grititos.
En Piura Vargas congregó a unas 25.000 personas en una noche de media luna y cuando una ligera brisa espantaba los calores tropicales del día. Su discurso, que dura más de una hora y pone a prueba la resistencia de un público que le esperaba ya desde horas antes, no hace concesiones. El tono es didáctico, argumentativo y sin asomo de demagogias. Vargas ignora casi por completo a la izquierda y sus pocos ataques se concentran en el actual gobierno del APRA.
Cuando el público empieza a corear entusiasmado "¡Y va a caer, Caballo loco va a caer!", en alusión al mote que le dan a Alán García, Vargas advierte que "Caballo loco no va a caer, porque es un presidente legítimamente elegido, pero nunca más lo vamos a reelegir".
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.


























































