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Cartas al director

Muerte de un actor

El pasado día 2 de febrero fallecía en París el actor Alain Salomon. Fue durante una década miembro del Théâtre du Soleil de Ariane Mnouchkine, participando en montajes escénicos vanguardistas y fundamentales para entender el teatro galo de los años sesenta: 1789, 1793, La edad de oro, etcétera.

Tuvimos la suerte de apreciar su talento como narrador de La historia del soldado de Stravins ki-Sávari; con el Gran Magic Circus, hace unos años, en el teatro Español de Madrid, y en la pasada edición del Festival de Almagro, en un precioso montaje de Alfredo Arias para El juego del amor y del azar, de Marivaux.

Trabajé con Alain en Ubu rey, de Jarry, en el Festival de Nancy de 1976, en el que fue mi primer trabajo como actor. Su generosidad y su comprensión me ayudaron a caminar con un poco más de firmeza sobre las frágiles tablas iniciadoras de esta dura profesión. Era un gran cómico, alegre, guapo, divertido, y practicaba una amistad cotidiana, esa que consiste en llamar de cuando en cuando a pesar de la distancia.

Murió a los 41 años en el hospital Bichat, de París, víctima del síndrome de inmunodeficiencia adquirida. Dos meses bastaron a este virus para acabar con su vida.

Descansa en paz, Alain. Quiera la ciencia que alguno de sus muchos talentos descubra pronto el remedio a tan penosa enfermedad.

Y yo, tristemente, me pregunto: ¿obtendrá el visado que le permita interpretar ante la corte celestial?-

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