Síndrome nipón

No hay nada tan complicado de analizar como la inestabilidad del mercado de valores. En unas semanas hemos pasado de un clima de euforia a la inquietud casi general. Se mantiene la tensión en todas las bolsas y hace que algunos teman un hundimiento semejante al del otoño de 1987.( ... ) El hecho es que la dominante mundial es la inestabilidad. Tokio acaba de subrayarlo. La bolsa ha registrado la tercera mayor baja de su historia. Ahora bien, teniendo en cuenta la potencia financiera que representa, lo que sucede en Japón tiene una resonancia planetaria.. Se ve, por ejemplo, con las emisiones de bonos del Tesoro norteamericano: la cuestión está siempre en saber si los japoneses la suscribirán o no, o el nivel que alcanzarán.

Esto demuestra hasta qué punto la interpenetración de las economías nacionales es el mayor hecho de nuestro época. Cómo la hipótesis sobre el enfriamiento de la economía americana, siempre latente, pesa sobre las demás plazas financieras. Cómo, además, y con el mismo efecto, puede la reunificación monetaria de las dos Alemanias incitar a la circunspección: ¿qué sucederá con la fortaleza inexpugnable del marco? ( ... )

El crash de octubre de 1987 no tiene por qué repetirse. Pero la borrasca que se ha levantado indica que el mundo irá de crisis en crisis mientras no se ponga en ha un sistema monetario internacional digno de ese nombre.

,22 de febrero

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 22 de febrero de 1990.

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