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Crítica:CINE EN TELEVISIÓN

'La sombra de una duda'

22.20 TVE- 1 (105 minutos).

Momentos cumbre en el actual ciclo sobre Alfred Hitchcock, uno de los creadores más geniales que ha dado el cine, se producirán muchos. Casi uno cada semana. La sombra de una duda es un caso especial, pues sin tener para el espectador medio la resonancia mítica de Vértigo, Psicosis o Los pájaros, está a su altura. Lo que normalmente hemos dado en llamar obra maestra absoluta, peso pesado de las mismas proporciones de las películas anteriormente citadas o de Encadenados y La ventana indiscreta.En La sombra de una duda sobresale la ambigüedad que mueve el noventa por ciento de la filmografia de Alfred Hitchcock y le otorgan toda su profunda dimensión moral. Su protagonista -encarnado en ese gran actor que era, y sigue siendo, Joseph Cotten- es un asesino de mujeres -es importante el matiz: ricas, que él no es tonto ni un vulgar maníaco- quien huyendo de la ley se refugia en casa de unos familiares, donde se relacionará extrañamente con su joven sobrina. Él es uno de los grandes villanos de Hitchcock, un Cotten que hace de la maldad un espacio de cálida humanidad, un malvado que pide comprensión.

Filme de atmósferas absorbentes y crudas, Hitchcock nos lleva a cuestionarnos conceptos como los del sentimiento de culpabilidad, la necesidad de la delación o el encubrimiento y los límites éticos del bien. Desde la llegada de Cotten -cariñosamente, tío Charlie- a la ciudad, envuelto en los humos amenazantes del tren, ninguna partícula de vida remitirá ya jamás a la tranquilidad.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 23 de enero de 1990