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Editorial:

Desequilibrios

EL DÉFICIT exterior es, junto con la inflación y el desempleo, uno de los desequilibrios básicos de la economía española. Con los datos acumulados hasta septiembre, ese déficit era ya 10 veces superior al registrado en España en el mismo período de 1988. Aunque la velocidad de deterioro de la balanza de pagos por cuenta corriente se ha desacelerado en el último trimestre, es más que probable que el año termine con un desequilibrio exterior superior a los 9.000 millones de dólares, lo que equivale a un 2,5% del producto interior bruto (PIB). Un déficit de esas características significa además que la economía española tiene que recurrir al ahorro exterior en esa misma cuantía para salvar la distancia entre el crecimiento de su capacidad productiva (el PIB se incrementa en torno a un 4,5% anual) y de su demanda (que registra un aumento anual del 7%).Ese 2,5% de diferencia entre producción y demanda queda, sin embargo, por debajo de las previsiones que mantenía el Gobierno a principios de julio. El escenario realista en aquel momento apuntaba a un déficit exterior de 10.000 millones de dólares, o un 2,870 del PIB. Se pensaba incluso en la posibilidad de un déficit del 4,4% del PIB como escenario pesimista. El cambio comenzó, precisamente, en el mes de julio. Durante los seis primeros meses del año, el aumento medio del déficit exterior era cada mes de unos 1.000 millones de dólares, hasta cerrar junio con un desequilibrio por cuenta corriente de casi 5.800 millones de dólares. Ese salto de 1.000 millones ha necesitado ahora de un trimestre, lo que implica que la velocidad del deterioro se ha reducido a la tercera parte. La desaceleración es la parte positiva de la mala noticia. La negativa es que fueron julio y agosto los meses con menor aumento del déficit, unos 300 millones de dólares, mientras que septiembre ha participado con más de 700 millones en este último empujón. Tal dato apuntaría a un rebrote del desequilibrio exterior y podría dar la razón a quienes sitúan la cifra del déficit por cuenta corriente en unos 12.000 millones de dólares a final del año.

La financiación de este déficit no ha sido un problema hasta ahora, ya que las entradas de capital a largo y corto plazo han conseguido cubrirlo sin dificultad, y aún presionar al alza en la cotización de la peseta. El aumento de reservas -que en lo que va de año ya es de 6.878 millones de dólares- es la materialización de esa presión alcista de la peseta. Pero las intervenciones del Banco de España vendiendo divisas para mantener inalterada su cotización pueden traducirse en una caída de las reservas en octubre. Con un volumen total de 46.753 millones de dólares en reservas, un recorte mensual no es un problema. La cuestión está en que, si el déficit por cuenta corriente se enraiza, la consecuencia inevitable será el endeudamiento primero y el estancamiento después. Éste es el nudo gordiano.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 2 de noviembre de 1989