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La dimensión oculta

La carrera política de Antoni Asunción, un valenciano nacido en Manises hace 38 años, ha sido, más que brillante, algo curiosa. Se afilió al PSOE en 1977, y en 1979 fue elegido alcalde de su pueblo, que tiene 25.000 habitantes. Fue después director general de Cultura de la Generalitat valenciana, y desde 1983 hasta hace poco más de un año, presidente de la Diputación Provincial de Valencia.Ahora es director general de Instituciones Penitenciarias porque se lo propuso el ministro de Justicia, Enrique Múgica, y porque, tras dudarlo durante una semana, decidió finalmente aceptar. Es soltero y pertenece a una acomodada familia de industriales, lo que en Valencia le valió el apelativo de el Soltero de Oro. No había pisado una prisión antes de ser nombrado. Seguro que no cambiaría su puesto por volver al trabajo en la fábrica y dejar la política, que es lo que dice que hará cuando cese en el cargo.

"Yo soy el eterno insatisfecho", señala. "Digamos que he aprendido algo, que he aprendido alguna cosa nueva. Pero en política nunca se sabe suficiente. El rodaje en la Administración local y provincial, en la autonómica y el año que llevo en la central dan una perspectiva bastante global", añade.

"A pesar de las opiniones que a veces se emiten, a mí me resulta muy satisfactorio trabajar en la, Administración pública; sin perder de vista que ésta es un instrumento para conseguir objetivos tangibles", dice Asunción, quien mantiene esta opinión en el área concreta de la Administración, donde actualmente desempeña su trabajo: la Dirección General de Instituciones Penitenciarias.

"Porque es la dimensión oculta. Es de las cosas de las que todo el mundo habla y que todo el mundo desconoce", añade Asunción. "Cuando uno entra en el mundo de las prisiones se da cuenta de que todo lo que se dice no tiene nada que ver con la realidad y de que el trabajo en las prisiones es todavía mucho más tangible que en la sociedad en general", puntualiza el responsable de la política penitenciaria.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 31 de agosto de 1989