La 'mili'
Estremece reflexionar con frialdad sobre el dato de que cada año pierden la vida varias decenas de jóvenes españoles -dos por semana, se ha publicado- con ocasión del servicio militar, la legendaria mili. Sé que la estadística se suaviza desde esferas oficiales con argumentos como que parte de las muertes se producen en la carretera, cuando el recluta hace autoestop para poder disfrutar un permiso, o que los numerosos suicidios se deben casi siempre "a problemas familiares o a depresiones aje . nas al cumplimiento del servicio mifitar". Sirva, pues, de consuelo que no todos mueren por "motivos castrenses".Pero, ¿y los que sobreviven? Sin introducirse en el debate, más amplio, sobre la justificación de los Ejércitos, cabe preguntarse, con un punto de razonable perplejidad, qué utilidad se obtiene obligando a miles de jóvenes ajenos a la milicia a manejar armas de fuego, cumplir órdenes absurdas, aprender gestos y pasos inútiles, vigilar puestos imaginarios. Los hay leguleyos que invocan la Constitución. El artículo 30 dice, en efecto, que 1os españoles tienen el derecho y el deber de defender a España". Suelen ser los mismos que miran para otro lado cuando se les recuerda que cinco artículos más adelante, el 35, establece que "todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo".
Los objetores suelen gritar "servicio militar, secuestro legal" y cada vez más la objeción de conciencia va derivando hacia una objeción de razón. ¿Por qué, para qué se interrumpe durante un año, como mínimo, la actividad de millares de jóvenes en aras de una defensa de la patria dificílmente concebible mediante este tributo de vidas y millones de horas cuarteleras? Desde el Ministerio de Defensa se promete mejorar las condiciones del servicio y se condenan las novatadas. Pero el problema no se resuelve con retoques, porque a finales del siglo XX lo que resulta una monumental novatada es todo servicio militar obligatorio.
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