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Vacaciones con pico y pala

Más de 1.000 jóvenes han elegido los campos de trabajo de Madrid para llenar su descanso veraniego

Son sólo las once de la mañana y el calor golpea ya con fuerza el descampado donde se encuentra, la necrópolis visigoda, a las afueras de Aranjuez. Pocos minutos antes de las doce, hora en que acaba la jornada, un cráneo que se deja ver entre la tierra excavada de la tumba motiva a cuatro jóvenes a quedarse sudando un par de horas más. Los trabajos de excavación corren a cargo de un equipo de arqueólogos, y la mano de obra la forman una treintena de jóvenes, que han elegido esta curiosa modalidad de los campos de trabajo para pasar sus vacaciones. Este verano, más de 1.000 turistas españoles y europeos están repartidos en seis campos de trabajo diferentes, sólo en Madrid.

"Mis amigos se lo tomaron a cachondeo y me dijeron que si estaba loco, pasar las vacaciones a base de pico y pala, pero yo lo encuentro divertido. Es una pequeña aventura, como cuando de críos jugabas a buscar tesoros. Lo malo es cuando te pasas tres días picando, sin resultados. Cuando encuentras algo, es emocionante". Julián, estudiante de industriales, tiene ampollas en las palmas de las manos y habla mientras, con un buril y un cepillo, va retirando con sumo cuidado la tierra que oculta al nuevo esqueleto hallado en la necrópolis. Julián, que no puede perder demasiado el tiempo porque tiene que examinarse en septiembre, es uno de la treintena de Jóvenes que se levantan a las siete de la mañana y trabajan duro de ocho a doce en la necrópolis, con la posibilidad de hacer horas extras voluntarias y, por supuesto, no remuneradas. Luego, tras comer en el colegio público que les sirve de residencia, descansar un rato y darse un baño en la piscina municipal, se van a buscar otras aventuras en las noches veraniegas. Son quince días -lo que dura cada turno- y noches de actividades intensas, pero a determinadas edades se aguanta lo que sea.

La Comunidad de Madrid les proporciona el alojamiento, en absoluto lujoso -el grupo de Aranjuez ocupa una sala común en un colegio público-, la comida, y la organización de algunos viajes turísticos a ciudades o puntos de interés cercanos, como Toledo o El Escorial. Ellos se pagan todo lo demás, viaje incluído.

"Pues yo estoy aquí porque no tenía ni un duro para irme de vacaciones", dice Pilar. Pilar es malagueña, y junto con Quique, nacido en Oviedo, y Ana, madrileña, está ahondando a base de espátulas y cepillos otra tumba cercana a la del hallazgo. Repartidos por la necrópolis se encuentran cuatro jóvenes llegados de la Unión Soviética, varios alemanes, franceses, italianos y belgas.

Los campos de trabajo llevan funcionando en la Comunidad desde hace cuatro años y atrae a un sector de jóvenes con motivaciones varipiontas: los hay que buscan una forma de hacer turismo barata, interesante y que al mismo tiempo fomenta la convivencia y las amistades entre personas de diferentes países. Y predominan los estudiantes. En el turno actual, del 1 al 16 de agosto, todos son estudiantes, y un 40% de ellos, extranjeros.

Trabajo y afición

Lo normal es que los solicitantes elijan previamente el campo de trabajo que mejor compagina con sus aficiones particialares. Este año, la Consejería de Educación ha organizado seis: el situado en Aranjuez; otro, en Rivas Vaciamadrid, donde se están sacando a la luz los vestigios de un poblado de la edad del cobre detectado en un solar en medio de la urbanización Covibar, solar agraciado también con una solana considerable. Un tercero en el puerto de la Morcuera, mucho más fresquito que los anteriores, en el que los jóvenes se ocupan en adecentar el monte. El cuarto, en Buitrago de Lozoya, donde están haciendo un estudio sobre etnología y floclor de la sierra norte madrileña. El quinto campo de trabajo está fuera de Madrid, en La Granja (Segovia), dedicado a la recuperación de instrumentos y maquinaria de la Real Fábrica de Vidrios, y el sexto, en el puerto de Canencia, versa sobre la flora y la confección de un herbolario de la zona.

"La verdad es que aquí, en el campo de trabajo de Aranjuez, no tenemos ninguna queja. Puede haber alguno que tiende a escaquearse, pero si todos los compañeros están trabajando, al final te pones tú también". Francisco Ardanaz es el arqueólogo encargado de la coordinación de los trabajos, y su única queja es que los turnos sean tan breves: "Sí, porque cada grupo sólo está aquí dos semanas. Los primeros días tienes que explicarles en qué consiste la tarea y la forma de hacerla. Y cuando se quieren dar cuenta, se ha acabado el turno. Estoy seguro que muchos se quedarían otros 15 días". [Las reclamaciones se dirigen a la pobreza de medios materiales, la escasez del salario de los arqueólogos y a la acción de los saqueadores profesionales, que destrozan el trabajo de los campistas por falta de vigilancia durante la tarde y la noche.]

En total, entre los seis campos de trabajo y los diferentes turnos de cada uno, serán algo más de 1.000 los jóvenes que han elegido esta modalidad de combinar el trabajo y el ocio para pasar sus vacaciones.

Ya lo dice Pilar: "Por la noche te diviertes y por las mañanas haces músculos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 13 de agosto de 1989