Ordenadores recalcitrantes
Perplejo y cejijunto me ha dejado la noticia publicada en EL PAÍS el pasado día 26 de julio sobre la sanción de seis meses de arresto mayor al marinero ceutí Abdeluahab Buchaid por un delito de injurias leves al jefe del Estado, de la misma manera que me ha asombrado la inquietante memoria del ordenador Berta para con las andanzas antifranquistas de buena parte del actual staff.Y es que verá, señor director, uno, en su carácter de isleño indómito, recuerda el día en que los pioneros de la afamada caldereta de langosta, allá en el pueblecito costero de Fornells, cerraron apresuradamente puertas y ventanas de su establecimiento al ver aparecer el yate real Fortuna, en el legítimo uso y disfrute de la ancestral costumbre menorquina de trabajar sólo hasta cierto punto, y se me ponen los pelos en espiral al apercibirme de la magnitud que pudo tomar aquella lúdica acción de haberla convertido en delito algún celoso guardián de las esencias patrias.
La verdad es que entre ordenadores recalcitrantes, injurias al posterior jefe del Estado, soldados acusados de sedición por negarse a comer junto a unos retretes (véase EL PAÍS del 27 de julio) y exóticas medidas económicas, como la de dificultar las ventas a plazos o encarecer los créditos, parece como si la presidencia de la Comunidad Europea, o ahora la del Parlamento Europeo, más que como dique hayan servido de plataforma de lanzamiento de lo más sandunguero de nuestro país.
Puestos en este plan, no me extrañaría nada que nuestros hombres en Estrasburgo se descolgaran un día con una racial moción para convertir la tauromaquia en fiesta comunitaria, o prohibir que las naciones sin Estado. celebren con mesurado y legítimo (?) alborozo las derrotas históricas de ciertos símbolos patrios, como ocurrió por estos pagos con el waterloo madridista en Milán. ¡Cielos, y pensar que aquel día bordeamos la injuria!- Pedro J. Bosch.
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