El ayuntamiento resucita la 'patrulla verde' 10 años después de su desaparición por falta de efectividad

Los agentes de la patrulla verde recorrían Madrid con sus flamantes motos a la caza de humaredas insalubres. Apenas duraron tres años. El servicio se extinguió, tras una vida lánguida por falta de efectividad. Diez años después, el Ayuntamiento pretende rescatar la vieja idea y engordarla con más medios (unos 300 agentes de Policía Municipal) y con más recursos para combatir humos y ruidos. La resurrección de los cascos verdes es uno de los platos fuertes del Plan Ecológico de la Villa, que será aprobado en un pleno municipal después del verano.

La patrulla verde -nombre de guerra de la Unidad de Protección Ecológica- fue creada en 1976. El servicio entró con buen pie, pero fue languideciendo poco a poco hasta ser absorbido por la Policía Municipal.El nuevo equipo de gobierno de Agustín Rodríguez Sahagún pretende ahora rescatar la vieja idea y, poner una nota de color sobre el asfalto madrileño. Poco parecen haber pesado las opiniones contrarias a este servicio, que fue criticado en su día como "una medida de escaparate y poco funcional".

La concejala de Medio Ambiente, Esperanza Aguirre, no duda de la efectividad de la medida. "La ordenanza de Medio Ambiente es estricta, pero muchísima gente la incumple con total impunidad. Pretendemos que la nueva unidad disponga de más medios humanos y técnicos de los que tuvo en su día, y queremos dotarla de más competencias para que no se limiten a perseguir coches".

La patrulla verde funcionará conectada con un teléfono ecológico al que se desviarán gran parte de las llamadas recibidas a diario en el 092. Los agentes verdes atenderán denuncias por emisiones de humos, controlarán los niveles de ruidos (tanto en vehículos como en los domicilios y en establecimientos públicos), perseguirán todas las infracciones de la normativa de limpieza, vigilarán los parques y escoltarán los transportes con mercancías peligrosas.

La patrulla estará integrada en la Policía Municipal como una unidad especializada y comenzará a funcionar el próximo año.

La concejala Esperanza Aguirre admite que el propio Ayuntamiento figura en la lista negra de infractores de la normativa de medio ambiente. "Los autobuses de la Empresa Municipal de Transportes (EMT) provocan las mayores angustias al automovilista que va detrás", reconoce. Y anuncia que empezará a barrer en su propia casa: "Los 2.500 autobuses de la EMT pasarán por una revisión a fondo y se impulsará de una vez la introducción de combustible limpio, con el gas licuado del petróleo".

El Ayuntamiento pretende actuar también sobre otras flotas que surcan la ciudad diariamente, como los 15.000 taxis, los autobuses de transporte escolar o los camiones de carga y descarga. "Parece más lógico ir poco a poco antes que obligar de golpe a 1.300.000 vehículos que transitan por Madrid a que instalen catalizadores, que cuestan cerca de 200.000 pesetas", señala Esperanza Aguirre.

Trárico en la Casa de Campo

La concejala de Medio Ambiente reconoce que hay que adoptar medidas urgentes para paliar los efectos de la contaminación causada por los automóviles, pero no apunta soluciones concretas. "¿Cerrar al tráfico la Casa de Campo"?, se pregunta. "Me niego en rotundo. Mientras no me demuestren que el tráfico es el único responsable del deterioro de la Casa de Campo, me niego a aceptar esa propuesta".

El Plan Ecológico de la Villa, que será aprobado por el pleno municipal en el último trimestre del año, prevé también otras medidas para atajar la contaminación de las calefacciones y de las instalaciones industriales.

"Madrid es prácticamente la única capital europea donde aún se permite quemar carbón", afirma Esperanza Aguirre. "Además, es de las pocas ciudades que tienen en su área metropolitana una industria siderúrgica y una cementera. Esto no puede seguir así y hemos decidido subvencionar el cambio de las 7.000 calderas de carbón que aún quedan y sentarnos a hablar en serio con las dos industrias en cuestión para proponer su traslado a otro lugar más lejano".

De vuelta al azul

"Servicio de Protección Ambiental, Humos y Ruidos". El letrero apenas se distinguía en el parabrisas de las imponentes motos Guzzi. Ni falta que hacía. El verde chillón de los cascos de los agentes hablaba por sí solo.La idea surgió en tiempos del alcalde Juan de Arespacochaga: un centenar de policías municipales, 52 motos y 11 coches dedicados exclusivamente a luchar contra los humos y los ruidos de una ciudad cada vez más inhabitable. La medida fue bien acogida.

En los primeros tres meses, la patrulla verde tramitó más de 3.000 denuncias -la mitad de ellas por emisión de humos-, con autobuses y camiones a la cabeza. Las motos fueron también víctimas de una especial persecución (más de 1.000 denuncias por exceso de ruido).

Tres años después de su puesta en marcha, el número de denuncias se redujo a la mitad. Se extendió poco a poco la sensación de que la patrulla no era efectiva: el 70% de las denuncias telefónicas eran infructuosas y gran parte de las advertencias previas no llegaban nunca a la sanción. Se decidió entonces borrar el verde y devolver a los agentes al azul, su color original.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 19 de julio de 1989.