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Los 'esponsorizadores' y la lengua castellana

En el uso cada día más extendido de la palabra inglesa sponsor y los derivados que de ella se hacen, EL PAÍS (suplemento Negocios, 2 de octubre) ha rizado el rizo. En un artículo sobre la empresa Kelme (calzado y ropa para deportes) y el equipo de la URSS en los Juegos de Seúl se decía que la firma "se ha convertido en la esponsorizadora [el subrayado es del defensor del lector] de prendas de tiempo libre del equipo soviético...".José Sarabia Alvarezude escribe para pedir que se destierre semejante "palabrota". Recuerda que en español existen patrocinar, patrocinadorla, patrocinio. También lo dice el Libro de estilo de EL PAÍS.

El redactor jefe de Economía, Manuel Navarro, explica que que "el término sponsorizar se ha introducido en el lenguaje habitual del campo publicitario, con las consiguientes influencias en la terminología de la información económica y deportiva".

Navarro señala que, "si bien es cierto que el castellano patrocinar también significa, según el diccionario de la Academia Española, sufragar una empresa, con fines publicitarios, los gastos de un programa de radio o televisión, de una competición deportiva o de un concurso', lo cierto es que esponsorizar, con sus consiguientes derivados españolizantes, está acaparando actualmente esta acepción, relegando patrocinar a un sentido más próximo al de mecenazgo desinteresado, si es que tal cosa existe".

El Libro de estilo de EL PAÍS es terminante: "sponsor. No debe utilizarse esta palabra -que tiene un fácil sinónimo en el término 'patrocinador'- para designar a las firmas comerciales que apoyan o favorecen espectáculos, acontecimientos deportivos o a clubes". ¿Qué ocurrió entonces con aquel esponsorizadora que llama la atención del lector Sarabia? Navarro dice que "a la hora de editar el artículo se respetó el término (...) para resaltar el carácter publicitario y, por consiguiente, el contenido económico de la operación". Pero la verdad es que, visto lo que significa patrocinar en español y lo que significa sponsor en inglés -que es lo mismo-, no es necesario usar la palabra inglesa para resaltar el carácter publicitario de una operación. ¿Por qué entonces decirlo en inglés y no en castellano? Por la puerta de la publicidad, efectivamente, se nos está colando en nuestro habla ese vocablo, que empieza a hacer fortuna con la ayuda de los medios de comumicación, incluido este periódico.

Muchos de los abundantes adelantos y descubrimientos científicos y técnicos, así como los progresos sociales y económicos de la época moderna producidos fuera de nuestras fronteras, no hallan en nuestro idioma una traducción precisa. Por ello, el castellano se nutre y enriquece constantemente de términos procedentes de otros idiomas para designar fenómenos y realidades nuevas, y ello es saludable en la medida en que contribuye a un mayor conocimiento y a una mayor capacidad de comunicación. Pero no todas las palabras extranjeras han de tomarse sin más. Y esto es clarísimo en el caso de sponsor. Decir sponsor en lugar de patrocinador es decir en inglés lo que está bien claro para todos dicho en español. Sí, por añadidura, tratamos a sponsor como una palabra castellana, nos salen palabros fonéticamente tan tremebundos como esponsorizador.

Con esponsorizador, por otra parte, no se resalta más que con patrocinador el carácter publícitario de una operación. Siempre hemos sabido lo que quiere decir que una marca comercial patrocine un equipo de ciclismo o de baloncesto o tal o cual programa de radio, de televisión o concurso. Este patrocinio nunca se ha entendido como un mecenazgo, que continúa significando la protección dispensada por una persona a un escritor o artista.

Los periódicos no los escriben los lingüistas ni los gramáticos. Pero los periódicos tienen la obligación moral de respetar el idioma, patria común de cientos de millones de personas. En definitiva, seamos sus patrocinadores, según la otra acepción del término. Es decir, defendamos, protejamos, amparemos, favorezcamos nuestra lengua.

Y ahora, el desesponsorizador que nos desesponsorice buen desesponsorizador será.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0015, 15 de octubre de 1988.

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