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Craxi, satisfecho por la supresión del voto secreto

Bettino Craxi, secretario general de los socialistas italianos, paladín de la batalla contra el voto secreto en el Parlamento, poco amigo de hablar con los periodistas, convocó ayer una conferencia de prensa para desahogar su alegría y dar luz verde al Gobierno del democristiano y rival político Ciriaco de Mita. Craxi dijo que la alianza socialista-democristiana ha funcionado en el primer jalón de las reformas institucionales por él defendidas desde hace años como único antídoto a la ingobernabilidad de este país.

"Existía un acuerdo de gobierno y De Mita se ha revelado fiel. Me siento satisfecho", ha dicho Craxi, "y ahora tenemos la impresión, los socialistas, de que no estamos inútilmente dentro del Gobierno".Craxi, al que siempre se le ha acusado de hacer la guerrilla a De Mita para poder volver él a Palazzo Chiggi -sede de la jefatura del Gobierno-, dijo que su partido no tiene ninguna intención de hacer la guerra al líder democristiano. Craxi tuvo palabras muy duras contra los comunistas por no haberse unido, en el tema de la abolición del voto secreto, a los socialistas, ya que considera que se trataba de una batalla que debía conducirla la parte política progresista del país. "Los comunistas", ha dicho Craxi, "han corrido detrás de la impotencia y de la confusión".

Sin embargo, Craxi no esconde el hecho de que más de 50 diputados de la mayoría del Gobierno votaron contra las consignas del mismo en el secreto de las urnas, y que la primera reforma electoral ha pasado sólo con siete votos de diferencia, es decir, por un soplo. Por eso ha puesto en guardia para que la precaria victoria "no se tire al viento" y, al revés, se la abrigue con prudencia, como a un recién nacido.

Por el momento, según fuentes socialistas consultadas por EL PAÍS, Craxi no le crea problemas a la democracia cristiana, ya que sabe muy bien que de ella no va a recoger muchos votos. Lo que le interesa es que se vaya debilitando el partido comunista, de quien sí puede ganarlos. Por eso, existe la impresión de que Craxi va a dejar gobernar bastante tranquilo a De Mita estos tres años, mientras él se dedicará a cambiar el partido, a reforzarlo y a purificarlo de los últimos escándalos que le habían zarandeado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 16 de octubre de 1988

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