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¡Pobres sudaneses! A los continuos saqueos causados por la guerra civil en el sur del país y a una economía arruinada por el depuesto dictador, se ha afiadido ahora la desgracia de las más graves inundaciones de este siglo en Sudán.Donde quiera que se produzca una tragedia, el resto del mundo, y particularmente los países más ricos, tienen la responsabilidad de proporcionar asistencia. Pero Sudán se la merece especialmente. A diferencia de cualquier otra nación del noreste de Africa, se trata de una democracia multipartidista real. Cuenta con una Prensa libre y, hasta donde puede saberse, no hay en Sudán presos políticos.
La democracia no garantiza necesariamente la efectividad de un Gobierno. Hasta la fecha, el único logro concreto que puede reclamar el actual Gobierno sudanés es el de haber restaurado la democracia. La economía y la guerra civil se mantienen como problemas sin solución, a pesar de las discusiones sin fin entre los ministros sobre lo que habría que hacer. Ambos son legados de hechos de los que el presente Gobierno no tiene la culpa.
En consecuencia, es esencial, tanto por motivos políticos como por consideraciones humanitarias mínimas, resolver con la mayor eficacia posible el desastre natural que ahora padece el país.
Los británicos, que han mantenido una estrecha relación con Sudán desde la época colonial, son los más indicados para tomar la delantera.
10 de agosto


























































