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Tribuna:LAS INVERSIONES EN INFRAESTRUCTURA

Las obras públicas, en el paro

En el régimen anterior, cada 18 de julio se amontonaba impúdicamente, para su fastuosa inauguracion conjunta, una serie de obras públicas que, a manera de pirámide faraónica, cantaran las excelencias del dictador. Liberados felizmente de la esfinge, los sucesivos ministros de Obras Públicas de la democracia parecen haber confundido la forma (el talante faraónico y la reducción de las libertades a un Estado de obras propias del autoritarismo) con el fondo: la absoluta necesidad de dotar al país de las infraestructuras imprescindibles para ser fundamento y motor de su desarrollo económico y bienestar social.

Si nos atenemos a los hechos y elevamos a la categoría de prueba máxima el dicho de que, obras son amores y no buenas razones", hemos de convenir que en lo referente a Obras Públicas el saldo que arrojan las actuaciones puntuales de los distintos ministros que han ocupado la cartera de Obras Públicas y Urbanismo en la etapa democrática es muy pobre.Muchos indicios racionales apuntan al posible padecimiento de una especie de enfermedad por los sucesivos ministros del MOPU -desde el infortunado Garrigues Walker al actual Cosculluela- aquejados de un virus que les hace confundir o identificar la obra pública con la manifestación de un régimen autoritario.

Sabido es que la mayor parte de los Gobiernos dictatoriales se han venido significando por su enfermiza proclividad a plasmarse en grandes obras públicas, estatuas y monumentos, que les sirvan para perpetuar la infausta memoria de los dictadores después de su muerte.

El fondo y la forma

El Valle de los Caídos ha quedado como el valle de un solo caído. El faraónico trasvase Tajo-Segura -con un mamotrético acueducto capaz de trasvasar hasta 1.000 millones de metros cúbicos de agua al año- ha sido reducido a una estrecha cañería. El nonato trasvase del Ebro al Pirineo oriental fue sólo la ensoñación final de una febril agonía. Pero las obras públicas en sí mismas no tienen por qué llevar larvado ningún germen dictatorial. Sólo su inútil gigantismo o faraortesismo las invalidan (amén de hacerlas onerosas para el erario público). Sólo su forma de inauguración las hace indeseable himno ideológico. Pero las obras públicas precisas no son sino parte sustancial y básica de las necesarias infraestructuras que posibilitan el normal desarrollo económico y social de los pueblos y coadyuvan a elevar la calidad de vida de los ciudadanos.Diría que la diferencia estriba principalmente en una cuestión de pedestal: que una obra pública se haga con objeto de servir de peana para la autoegolatría justificatoria de una persona y su régimen político o que se realice como base de bienestar a toda una comunidad.

Más parece como si para contraponerse al Estado de obras -gloriosa cualificación con la que el ex ministro de Obras Públicas de Franco y autor del Crepúsculo de las ideologías, Gonzalo Fernández de la Mora, definió al régimen dictatorial, y que con mayor propiedad podría motejarse de Estado en obras- los posteriores Gobiernos democráticos españoles tuvieran un extraño pudor e inconfesada vergüenza por inaugurar obras públicas. Prescindir de acumular la inauguración anual de todas ellas en el día del 18 de julio, o no hacer de los informativos de TVE el NoDo que siempre mostraba a Franco saltando de pantano en pantano, no quiere decir que se justifique el enviar a las obras públicas a apuntarse al Inem. Porque, en verdad, las OP en España están hace mucho en el paro y, a lo más, de cuando en cuando, consiguen un contrato temporal para trabajar tres o seis meses.

Para mayor inri, la única obra pública de cierto porte inaugurada por el actual ministro de OP fue sellar la presa de Riaño. Ya sabemos a qué coste humano, social y ecológico. Una obra inútil que, construida por Franco, ni él mismo se atrevió a culminar. (Inútil porque va a irrigar sécanos cuyas, producciones tendrán que ser subvencionadas. Inútil porque otras decenas de miles de hectáreas del Plan Tierra de Campos jamás se inundarán pese a tener los embalses construidos hace muchos años. Más inútil porque ahora se va a construir el embalse de Las Omañas, sepultando también Pueve pueblos, con unos fines productivos más que discutibles.)

En contrapartida se ha olvidado algo bien sabido: ya no hay lugar para grandes pantanos y son precisas minipresas (para abastecimientos locales, producción eléctrica municipal y pequeños regadíos). Un plan que quiso imponer Julián Campos (el único ministro socialista sin complejos seudofranquistas) de tan corta duración en los Gobiernos González.

Alertas veraniegas

Las mil y una alertas rojas veraniegas ya nos hablan del saco roto en que ha quedado el plan de abastecimiento y saneamiento de poblaciones. La progresiva y creciente salinización de nuestro litoral mediterráneo y de La Mancha -así como de las Baleares- nos dice de la casi absoluta falta de actuaciones del MOPU en un tema extremadamente grave y muy poco aireado: España se está, literalmente, sembrando de sales, es decir, se está haciendo a marchas forzadas improductiva agrícolamente y, a la vez, las aguas para consumo humano son impotables. (Nada menos que en 1981 el propio MOPU -por boca de su entonces director general de Obras Hidráulicas, declaraba: "El agua que se bebe en todo Tarragona ni siquiera es potable. Pero no sólo es grave el caso de Tarragona o Castellón; en el Vinalopó es una tragedia la salinización de tierras y acuíferos. En la cuenca del Segura es demencial. En Almería es horrible".)Siguiendo con las obras hidráulicas y tan sólo por referirme -sin ánimo de exhaustividad alguno- a lo más florido, tenemos el caso de las periódicas inundaciones que de manera especial afectan casi cada año -con exactitud casi matemática- a todo el litoral mediterráneo de forma más significada. Decenas de muertes y miles de millones de pérdidas materiales avalan la necesidad de prevenir o paliar ese fenómeno que cada inicio de otoño aparece como consecuencia de la gota fría. También el ex ministro Julián Campo publicó un plan, aprobado por ley a realizarse en ocho años, con unos presupuestos públicos. Casi nada se hizo y el año pasado volvió la tragedia al País Valenciano. Volvió cuando aún apenas se había enterrado a los muertos de años anteriores y sin haberse pagado la mayor parte de las indemnizaciones... Pero el plan para prevención de las riadas no se lleva a cabo... por falta, dicen, de presupuestos, cuando cuesta más el pago por los daños que sobrevienen cada año que todo el plan...

¿Recordamos acaso que nuestras costas están sin, señalizar debidamente ... ? Es otro plan inconcluso. ¿Y qué ha pasado con la ley de Aguas? Papel casi mojado. Acaso la única ley auténticamente socialista que -¿será por ello?- apenas si ha tenido desarrollo.

Más vale no hablar de una ley de Costas hecha sin tener en cuenta a las autonomías y de unos puertos deportivos que proliferan como hongos para matar las playas naturales o de la rapiña del coral en nuestro mar de Alborán y de toda serie de restos arqueológicos o de barcos hundidos en nuestras aguas litorales.

Por nuestras sendas, el carro marcha delante de los bueyes. Ya es significativo que Madrid Gunto con Lisboa) sea la única capital europea desunida del resto de la comunidad por falta de autopista y ni siquiera de autovía. Pero es aún más grave el hecho de que la nueva filosofía del actual MOPU sea la de estar llenando el territorio peninsular de centenares de baches, parches y remiendos, sin ejecutar ni un solo itinerario completo. Si Fernández de la Mora decía aquello del Estado de obras, Cosculluela bien podría acuñar el eslogan de que "España es un Estado en obras... que jamás se ultiman. El titular del MOPU, además, debe pensar que los ciudadanos no tienen memoria y que en los medios de información se carece de un elemental servicio de documentación. Y así no se cansa de repetir que, hasta su llegada, se carecía de un plan de carreteras...

... Estoy seguro de que sólo con apretar un timbre el señor Cosculluela puede tener encima de su mesa un amplio dossier que le saque de su error. Su Dirección General de Carreteras o su Servicio de Estudios pueden amontonar en la mesa del señor ministro no menos de cuatro planes de carreteras -casi todos, curiosamente, con un horizonte de programación para 1990-1991- de los tiempos de Garrigues, de Sancho Rof, de Julián Campos..., todos con sus etapas, presupuestos y especificidades muy concretados.

¿Es preciso reverdecer la mala memoria ministerial recordándole que ya en 1980 estaba previsto que España tuviera 5.000 kilómetros de autopistas?

Lo grave del tema de las carreteras es que su falta de adecuación a las necesidades presentes, tanto económicas como sociales, empalidecen ante el montón de muertos que se acumulan encima de la mesa ministerial cada fin de semana, cada puente, cada operación salida y operación retorno. (En el MOPU y en Tráfico.)

Algunos ejemplos

Aunque la filosofía oficial nos diga que la culpa es de los conductores, sólo hace falta asomarse a las carreteras para saber que no siempre es así y que al MOPU le cabe una indudable parte de responsabilidad. Sirvan mínimos ejemplos: no es de recibo pontificar cada año -por estas fechas- sobre la sobrecarga, cansancio, etcétera, de portugueses y norteafricanos en su tránsito de España y tener sin arreglar la denominada carretera de la muerte: itinerario prioritario que sigue en obras eternas. Obras que son un peligro añadido. Los cálculos oficiales ya tienen hechas las cuentas sobre el número de muertos. Pero pasan año tras año sin ensachar y dar buen firme a esa vía de penetración a Portugal desde Burgos-Valladolid-Tordesillas-Zamora.Y ¿para qué hablar del aislamiento de Madrid, del jamás utilizado eje de comunicación por la comisa cantábrica, del semáforo de Europa, del olvido de la comunciación del Sur y del Norte por el Oeste -que por cierto no se les olvidó hacer a los romanos a través de su calzada de la Plata o de comunicar Huelva con Almería, cosa que tampoco se les olvidó a los romanos con sus vías de penetración desde Cartagonova hasta la Bética para prolongarse a Onuba..., pero, claro, no estamos para historias.

Desde luego, el señor Cosculluela no ha llegado ni permanece en el poder por sus dotes imaginativas. Lo más relevante que ha hecho es apuntar las obras públicas al paro. Y todo ello sin tocar siquiera el tema de la vivienda, que- más parece un departamento extinguido dentro del MOPU.

Eduardo Barrenechea es periodista.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 18 de julio de 1988