Ser Carmen Romero
¡Qué dejen a Carmen Romero! ¡Dejadla en paz!Si la persona con la que se casó es presidente, ¡qué sea presidente! Pero él solo. ¿Es que tiene que supeditar su única vida a la función del maquillaje en el circo de la política?
No seamos horteras, que para realizar un cargo público, por muchos vuelos que posea, no es necesaria la presencia de mujer-amada-fiel-esposa; pues ésos que le reclaman presencia, sólo piden eso: presencia, caricatura, figura yacente, aditivo conveniente, un atuendo más para el abrigo burgués convencional con el que se han vestido por siempre jamás los políticos respetables. Y considerar a una mujer como presencia, no esencia, es un injusto anacronismo machista.
¡Que sólo tiene una vida! Y hay que vivirla, no desperdiciarla por prejuicios ajenos y demagógicos.
¿Qué pasa? ¿Que Felipe, además de ponerse levita, ha de ponerse Romero? ¡Anda ya!-


























































