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Mercedes Chamorro

Con "un camión bajo el brazo" desde niña

Esta inquieta morena de 25 años ostenta desde el pasado marzo la presidencia de la Asociación de Jóvenes Empresarios de Transporte (Ajetrans), elegida casi por unanimidad en virtud de las numerosas iniciativas que llevó a cabo para hacer realidad el proyecto. Es una de las escasas mujeres en la gestión de una empresa de transportes que quiere extender su afán de eficacia a la mejora del sector, en un esfuerzo que es la prolongación entusiasta del trabajo que la absorbe de nueve de la mañana a nueve de la noche, cuando no hasta las once de la noche, cinco días a la semana, cuando no seis.

Mercedes Chamorro nació "con un camión debajo del brazo". Fue entonces cuando su padre compró su primer vehículo y fundó una empresa de transportes. La casualidad ha hecho que parezca que esta circunstancia determinara su destino profesional. Sin embargo, hace seis años, cuando Mercedes comenzó a trabajar, lo hizo porque le gustaba el sector. "No llego a ser una apasionada del asunto como mi padre, que si no ve los camiones un día es como si no comiera", afirma, "pero admito que el tema me encanta. La posibilidad de viajar a menudo, el trato continuado y directo con la gente y, sobre todo, que ningún día sea igual ni parecido al anterior, eso es lo que me gusta".Mercedes tiene poco tiempo libre. Su horario comienza a las nueve de la mañana ("no soy madrugadora") y acaba 12 horas después, cuando no más tarde. Durante la mañana organiza las cargas de los camiones y por la tarde realiza la labor de relaciones públicas, la parte que más le entusiasma, hablando con clientes, empresas o compañeros de la asociación. "Trabajo todo el día, hasta que no hay nada que hacer. El problema es que no sé delegar y todo tiene que pasar por mis manos", dice, más riéndose que lamentándose. "Tendré que aprender. Si no, me voy a anquilosar, y lo de quedarme quieta a los 25 años es algo que no me cabe en la cabeza". Precisamente por eso está montando en Vitoria una tienda de regalos con su hermana y su cuñado, el jugador de balonmano Cecilio Alonso. "No puedo parar".

Algún fin de semana que le queda libre, en el que no tiene que viajar por cuestiones de trabajo ni aparecen demasiados asuntos que resolver, aprovecha para salir de la ciudad -en invierno a esquiar, y cuando la nieve se acaba, va al campo o a tumbarse al sol en la playa-, un respiro para que su trabajo no le impida tener vida privada.

Mercedes es la menor de tres hermanas y lleva cuatro años al frente de la empresa como directora gerente de la misma. Desde entonces decidió dejar la casa paterna y vivir sola. "Bueno, aparte de que soy bastante independiente, llegó un día en que me di cuenta que mi padre y yo estábamos todo el día hablando de trabajo. Él, encantado, pero a mí me parecía excesivo. Quería tiempo para mí".

El hecho de ser mujer, y encima joven, no ha significado un obstáculo importante en el desempeño de su labor. "Creo que en ocasiones hasta me ha beneficiado", asegura con ademanes nerviosos, "aunque a veces, sobre todo los camioneros, creen que por eso voy a ser más blanda, y no es verdad. Las mujeres tenemos que demostrar cosas continuamente y por ello tengo fama de dura". Los conductores, que la conocen por La niña, la temen por su mal genio, pero le cuentan "sus problemas", antes a ella que si su patrón fuera un hombre. "Les parezco más humana", concluye.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 31 de mayo de 1988