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LA CARRERA HACIA EL ELÍSEO

Un 30% de los votantes , al margen de los "grandes políticos

Este país no sale de su asombro ante los casi cinco millones de sus conciudadanos que han votado por el partido de Jean-Marie Le Pen. Pero el descalabro no acaba ahí. Si a éstos se añaden los franceses que han primado con sus papeletas los pequeños partidos calificados de izquierda, más o menos extrema o ecologista, el total arroja un 30% de votantes al margen de los grandes políticos que se autoconsideran encarnación de la Francia de verdad.Los franceses buenos, es decir, los dos tercios que han votado por François Mitterrand, Raymond Barre o Jacques Chirac, han encontrado en la memoria del nazismo su explicación fundamental, que actúa a la postre de tranquilizante, porque nadie cree de verdad que la Francia actual, en la Europa comunitaria de las vísperas del mercado único de 1992, reúna las condiciones de lo que ya reza como el espectro de los años treinta.

La llamada clase política tradicional, con Mitterrand, Barre y Chirac como cabecera de cartel, tendrá que volver al colegio donde se enseñan las primeras letras. Todo lo que le han dicho a sus votantes ha hecho el efecto del agua que resbala por la piedra; nadie les escucha, nadie se interesa por su discurso arcaico.

Anteanoche fue su gran día: Mitterrand y Chirac, en su debate histórico, sentaron ante la pequeña pantalla de televisión a 30 millones de ciudadanos; es la era de la comunicación, de las imágenes; pudieron formar el alboroto, pero aburrieron solemnemente. Un caricaturista del día plasmó el acontecimiento televisivo mostrando una pareja tumbada en la cama mirando el televisor y masturbándose. Y los franceses, tan contentos. A salvo del 30% de los descarriados que no votan a los grandes políticos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 30 de abril de 1988