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SEMIFINALES DE LOS TORNEOS EUROPEOS

El Madrid dejó pasar el tren de la Copa de Europa ante un Endhoven que supo defenderse

ENVIADO ESPECIAL El PSV Eindhoven, hijo de la multinacional Philips, acabó anoche con el sueño europeo del mejor equipo que ha tenido el Real Madrid desde que en 1966 ganó por sexta y, última vez la Copa de Europa. Paradójicamente, el PSV, el equipo más goleador del continente, se clasificó para la final por sus virtudes defensivas y por haber marcado un gol en campo contrario.

El Madrid tropezó en la penúltima valla de su larga carrera, cuando ya había saltado las más altas y difíciles (Nápoles, Oporto y Bayern). El PSV, quizá el menos brillante de los rivales, pero sí el más disciplinado, tuvo ayer la suerte de los campeones: encontró al Madrid en el momento justo, cuando aparece agotado después de ocho meses de sprint continuado; y, además, se benefició de que intuitivos goleadores, como Hugo Sánchez y Butragueño, fallaran goles cantados por tocar mal el balón con unas botas que se han hartado de golear y que han fallado en el momento preciso.

El planteamiento del partido no sorprendió a nadie. Beenhakker utilizó sólo a tres defensas, Chendo, Sanchis y Tendillo, y colocó a cinco centrocampistas en dos escalones: Gallego y Gordillo por delante de la defensa, y Michel, Jankovic y Martín Vázquez un poco más adelantados, para presionar al PSV desde el momento en el que iniciaba la construcción de las jugadas. El PSV repitió el esquema de Madrid, con marcajes disciplinados, sólo que con cambios en los nombres: Gillhaus suplió a Arnesen como media punta, y Van de Kerkhof (36 años) entró por el sancionado Koeman, como libero. El campo pequeño ayudó a hacer efectivos los propósitos defensivos del equipo holandés.

La diferencia con el partido de ida fue que el Madrid sabía lo que le esperaba. Ofensivamente, encaró el encuentro con calma, sin prisas, moviendo mucho el balón. y tratando de forzar un hueco en la tela de araña holandesa. Y cuando el PSV iniciaba sus jugadas, el Madrid trataba de presionar (algo a lo que no está acostumbrado) con disciplina. Era una presión muy peligrosa, porque si el PSV lograba sobrepasar la barrera del centro del campo, los defensas madridistas se encontraban con un toro rojo que embestía sin obstáculos hacia la portería de Buyo.

La primera señal de que la suerte no estaba con el Madrid llegó en el minuto 9. Tendillo corrió la banda, centró hacia Butragueño, que paró el balón con el pecho y, solo ante el portero, tiró demasiado alto. La segunda señal (m. 24) Regó cuando Butragueño, de nuevo solo, tropezó al tratar de rematar un centro de Jankovic.

El Madrid intentaba controlar el ritmo, pero no conseguía desbordar el sistema defensivo holandés. El PSV, frío y cerebral, no perdió los nervios ni siquiera cuando el Madrid lanzó seis córneres seguidos (m. 33). Una situación así puede agobiar a un equipo, empequeñecerle, pero eso no le sucedió al PSV, y ahí estuvo la clave de su clasificación. Fue entonces (m. 44) cuando llegó una galopada de Michel, que rebasé a tres rivales y le regaló un balón a Hugo de los que el mexicano coloca en la red por millones. Pero Hugo falló.

El susto al borde del descanso cambié el partido, pero el fallo de Hugo hizo que lo hiciese en favor del PSV. El equipo holandés, para tratar de evitar nuevos agobios, adelantó a sus hombres, mientras el Madrid, ya acelerado, perdía disciplina y dejaba demasiados huecos. Por ellos se escaparon Lerby (tiro al poste, m. 48) y Vanenburg (m. 61), que falló solo ante Buyo.

El Madrid era ya incapaz de mantener la seriedad del esquema. Beenhakker buscó alternativas. Cambié a Llorente por Tendillo y situó a Gallego como hombre libre en la defensa. De poco sirvió, porque Llorente jamás pudo con el veterano Gerets. Más tarde, recurrió a Santillana. Era la señal de que el Madrid ya palpaba la derrota.

El PSV se cerró aún más. Y en los minutos finales, los minutos en los que el Madrid ha salvado muchas situaciones, la suerte volvió a hablar en holandés. Pese a que agobió, el Madrid no lo hizo con la fuerza de meses atrás. Butragueño colocó un balón de cabeza que Van Breukelen despejó, y el meta rechazó al final una espectacular chilena de Hugo que, de haber entrado, sí habría sido el gol del año en Europa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 21 de abril de 1988

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