El escándalo afecta la credibilidad de la clase política
El escándalo en torno a Uwe Barschel ha tenido ya unas repercusiones catastróficas para la clase política de la República Federal de Alemania. Ha hundido la credibilidad de la Unión Cristiano Democráta (CDU), responsable máxima de las intrigas, pero amenaza con afectar también al otro grupo mayoritario, el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD). En todo caso ha creado un frente de rechazo y repugnancia hacia los métodos que han sido utilizados en la reciente campaña electoral de Schleswig-Holstein. Se trata ya de una cuestión de Estado limitar los daños del rechazo hacia los dos grandes partidos democráticos que puede provocar este escándalo.
Pfeiffer, un notorio intrigante en el escenario político del norte de la RFA, especialista en trabajos sucios, fue contratado en enero por Barschel como responsable de la campaña electoral a la presidencia. Allí se dedicó a falsificar comunicados del SPD y los verdes, contratar detectives que vigilaran al candidato del SPD, Engholin, y presentar una denuncia anónima contra el líder del S PD por supuesto fraude fiscal. También intentó conseguir antecedentes penales de candidatos de los verdes, dividir a base de calumnias y testimonios falsos a una agrupación electoral independiente y quiso hacerse con un micrófono para instalarlo en el teléfono de Barschel y acusar a Engholm después. Según manifestó en declaración jurada ante Der Spiegel, todos estos trabajos los hizo por orden de Barschel. Éste lo desmintió, aunque sus contradicciones fueron en aumento, y pronto existió la certeza de que sabía más de lo que aseguraba.
Ahora se ha sabido que también miembros del SPD habían tenido contactos con este "siniestro personaje", lo que no habían revelado hasta hace pocos días. Dijeron que sólo intentaban paliar los daños de la campaña de Barschel contra Elgholm, una vez que les fue denunciada por el propio Pfeiffer. Engholm no sabía nada de los contactos de sus compañeros con el asesor de Barschel.
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