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Herrera, firme líder tras brillar junto a Fignon

La Vuelta a España vivió ayer una jornada, al fin, de ciclismo intenso, que se inició con la retirada del líder, el irlandés Sean Kelly, cuando se llevaban 14 kilómetros de etapa, a causa de un forúnculo. Su abandono puso alas a los corredores, que veían así recortado en 42 segundos su camino hacia el liderato. Venció, en solitario, Fignon, que ofreció su mejor versión; segundo, a 1.10 minutos, Herrera, que se convierte en firme líder, y a continuación, un grupo de elite, a 2.08. Los jefes de fila dieron la cara y las ofensivas que se lanzaron fueron constantes. El reencuentro con la montaña desbloqueó la carrera y convirtió la etapa en una de las más duras de esta Vuelta.

Kelly llevaba ya unos días arrastrando molestias a causa de un forúnculo. Después de la contra reloj del lunes se decidió que lo mejor era practicarle una pequeña intervención quirúrgica. Dos días antes fue operado también de un quiste. Ayer se presentó en la salida con tres puntos de sutura. Todo parecía transcurrir normalmente, pero, al poco tiempo, el pedaleo le produjo una inflamación que le hizo abandonar. Todo su interés ahora se centra en preparar el Tour.La situación de carrera, en esos momentos, daba un cambio total. Herrera se veía de líder, con 10 segundos de ventaja sobre Dietzen, al tiempo que los siguientes clasificados veían también aliviadas sus diferencias con esa retirada de Kelly. Sobre la marcha hubo que planificar nuevas estrategias, y ello permitió que el primer puerto de la jornada, el de Peña Negra, de primera categoría, y que se iniciaba a 19 kilómetros de la salida, se ascendiera con calma.

Ritmo trepidante

Pero una escapada sin importancia en la ascensión lanzó la carrera hacia un ritmo trepidante, porque el Teka trazó una táctica clara. Con Dietzen a 10 segundos de Herrera, podía coger el liderato en las bonificaciones. Pero antes había que neutralizar esa fuga, y el Teka, en bloque, se puso a trabajar para que su líder pudiera ganar cuatro segundos en esa primera bonificación. Los consiguió, y dos más en la siguiente.

Dietzen iba por Herrera. Quedaba la parte más dura de la etapa y Herrera tenía que responder. Lo hizo cuando comprobó que los corredores del Teka comenzaban a acusar el esfuerzo anterior. Cuando se amagaron las escapadas por parte de hombres que podían resultar incómodos (Cubino, Arroyo, Vargas y Fuerte), Dietzen se quedaba solo. Era el momento, y Fignon se lo puso en bandeja a Herrera. Fignon se fue en el puerto de Pedro Bernardo, que precedía al de Serranillos, y tras él, Herrera y Delgado. Quedaban 75 kilómetros para la meta y la cima de tres puertos, y, por fin, los hombres fuertes de la Vuelta empezaban a disputarla seriamente.

González Linares, director del Teka, dio por perdida la Vuelta. Dietzen pasaba por momentos delicados y tenía descompuesto el equipo, del que se había retirado Sarrapio. La dureza de la etapa había hecho también abandonar antes a Ruiz Cabestany. A Dietzen le salvó que Fignon atacase, porque se fue solo, y los que iban detrás buscaron reagruparse para irse a por él. Fignon, que no conoce el pánico en el descenso -mandó vehículos que le precedían en la caravana a la cuneta en su alucinante bajada-, se lanzó a tumba abierta tras coronar Serranillos y abrió una diferencia importante: dos minutos.

Herrera supo esperar. Quedaba otro puerto más, de segunda categoría, y tenía abiertos dos frentes. Por delante, Fignon, cobrando ventaja. Y a su lado, Dietzen, que había reducido su diferencia a cuatro segundos por las bonificaciones, más Delgado, Vargas, Fuerte, Cubino y Arroyo, esperando que atravesara un momento bajo para atacarle. En una bonificación anterior al puerto, la lucha fue feroz. Fignon ganó cuatro segundos, Delgado tres y Herrera, dos.

Ese puerto que quedaba, de segunda categoría, fue la salvación de Herrera. Hizo como en los Lagos: demarró fuerte y se fue fácil. Redujo distancias con Fignon y se quedó a 38 segundos. Pero lo más importante era que dejaba al grupo del qué poco an tes formaba parte casi dos minutos por detrás. Al final perdió algo con Fignon, pero lo ganó frente a Dietzen y los demás. Es imbatible en la montaña. Los que soñaron, tras irse Kelly, en ganar la Vuelta, vieron en la meta que se encontraban enton ces un poco más lejos del liderato que el día anterior.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 13 de mayo de 1987

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