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Alicia Izaguirre

Una gobernadora, candidata a presidenta de Logroño

Alicia Izaguirre, 54 años, separada, tres hijos, panameña de cuna (su padre fue exiliado de Primo de Rivera), vasca de ascendencia y riojana de corazón, vuelve a casa. Ella, la primera mujer que ha regido un gobierno civil en Euskadi, el de Alava, se perfila como la primera presidenta de una comunidad autónoma, la de La Rioja, siempre bajo las siglas del Partido Socialista Obrero Español.

Abandona un trabajo monocorde por otro, futuro, más "oxigenante"; deja una ciudad a la que llama "descolorida, por el carácter algo apático de sus gentes", por otra llena de cromatismo verbal y gestual; se va de un edificio del que a veces era "prisionera" a otra atmósfera en la que, tal vez, no tenga por qué erosionar sus expresiones por aquello de la compostura política y pueda manifestarse con toda la rotundidad que exige su sangre. "Este trabajo en el gobierno civil es duro porque es monocorde. El 98%. de mi tiempo se dedica a temas relacionados con la seguridad, y eso es poco oxigenante y produce desasosiego", dice Izaguirre, sindicalista, educada en el socialismo desde pequeña.Dice que deja Álava con pena, aunque ello no disminuye su alegría por volver a Logroño. Se va con la conciencia tranquila del deber cumplido, pero percibe que rechina su sentimiento de solidaridad con los que se quedan "en primera línea, que reciben muy pocas palabras de aliento y sí muchas de rechazo sin que salga de su boca, a veces, ni un suspiro de protesta".

La gobernadora, enfilada por algunos tasqueros del casco viejo de Vitoria, que la acusan de incumplir el pacto de que la policía no entraría a los bares, asegura que alguna vez ha poteado en la Cuchi o en la Zapa, dos de las calles más conflictivas, y que cuando se ha asomado a un bar, a una cafetería, a una discoteca, ha visto cordialidad, "sin grandes aspavientos de alborozo, pero tampoco rechazo".

Tiene una espina clavada a la hora de la marcha, que ese gusto suyo por caminar, por patear una ciudad, por pararse, por contemplar su espectáculo humano, no haya podido cumplirse del todo en Vitoria. Ha salido irregularmente, poco, acompañada por la escolta, para evitar al país "el choque que pudiera suponer el que le ocurriera algo tremendo a un gobernador civil".

Tiene muy claro Alicia que su estado civil, separada, ha facilitado la dedicación al cargo. "El marido ata mucho más a la mujer que los hijos. Una mujer con responsabilidades familiares, y hablo de marido e hijos, sufre una especie de esquizofrenia a la hora de desempeñar una responsabilidad pública".

"El hombre que tiene un cargo ejerce como tal las 24 horas del día, en el despacho y en casa, donde no se le puede molestar", prosigue, "porque viene cansado y hay que prepararle todo porque no tiene tiempo para distraerse y ni siquiera se le pueden plantear problemas de hijos porque harto tiene con lo suyo. A la mujer, en cuanto entra en casa después de ejercer de cargo público, se le plantean problemas que no puede soslayar. Y si es casada, más, porque está sintiendo que el marido no acepta del todo bien el hecho de ser señor de tal. Para la mujer, ese cambio de papeles en fracciones de minuto, de pasar de un cargo público a las anginas del pequeño, a qué comemos hoy, es un desdoblamiento que sufre constantemente".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 13 de abril de 1987