Reportaje:

El regreso del traje Mao

China combate el "liberalismo burgués" volviendo a los símbolos de la vieja época

Cuando el pasado 16 de enero la televisión china anunció la dimisión de Hu Yaobang, secretario general del Partido Comunista chino (PCCh), el locutor apareció con la clásica chaqueta de cuello Mao, al estilo de las utilizadas por todos los chinos durante la época de Mao Zedong y de la revolución cultural. "El mensaje fue claro", comenta en Pekín un interlocutor occidental. Millones de chinos pudieron apreciar, a través de la pequeña pantalla, cómo volvía el simbolismo de la antigua época, en contraste con los locutores de traje y corbata que presentaban los telediarios. "La explicación", continúa mi interlocutor, "fue que en aquel momento no había otra persona, excepto el que llevaba el traje Mao, para los conservadores ortodoxos".

Actualmente, los telediarios han vuelto a sus presentadores con corbata, pero hay claros indicios, y no sólo en la vestimenta, de que muchos chinos han aprendido la lección de que hay que combatir el liberalismo burgués, eslogan en el que los conservadores del PCCh basan su actual campaña para que China no se aparte del recto camino hacia una sociedad socialista presidida por el potente PCCh y sus 44 millones de afiliados, entre una población de 1.060 millones de habitantes.Pero en la actual campaña contra el liberalismo burgués hay otros muchos símbolos más evidentes de que China, una vez más, vive una evolución política pendular que se orienta ahora hacia el conservadurismo, a pesar de las repetidas garantías de todos sus líderes -incluida la expuesta por el veterano Deng Xiaoping en la entrevista concedida esta semana en Pekín al secretario de Estado norteamericano, George Shultz- de que no habrá cambios en la política de apertura y modernización.

Además de Hu Yaobang -cuyo paradero oficial, tras su dimisión forzada, es casi imposible de determinar, aunque al parecer está hospitalizado en Pekín-, fueron depurados como miembros del PCCh el científico Fang Lizhi, los escritores Liu Binyan y Wang Buowang y el editor del semanario literario Renmin Wenxue, este último por haber publicado una novela de Ma Jian sobre la minoría tibetana en la que expresaba ciertos pasajes considerados como insultantes para los tibetanos, según la Asociación de Escritores Chinos, que consideró la novela, por hablar de sexo, "como un producto de la burguesía liberal y otras tendencias insanas".

Nuevas purgas

"El verdadero mar de fondo de la actual campaña está aún por ver", comenta un chinólogo occidental con base en Pekín. Los próximos meses", continúa, "habrá posiblemente nuevas purgas de personalidades, y, lo que es más significativo, se presiente el temor general a ser calificado de burgués liberal en cualquier momento, con evidente freno, sobre todo, en el terreno de la expresión artística".Los diarios chinos, incluida la edición en inglés del China Daily, considerado por los expertos un poco como la ventana de la política china hacia el exterior, publican cada vez más informaciones sobre la necesidad de aplicar una campaña educativa para que los chinos no olviden los objetivos revolucionarios destinados a alcanzar una sociedad socialista basada en los principios marxista-leninista-maoístas, bajo el control y la dirección del infalible PCCh.

Campaña que no afecta solamente a los estudiantes chinos, principales protagonistas del inicio de ese giro con sus manifestaciones en pro de una mayor apertura democrática durante el pasado mes de diciembre. Tampoco parece que la campaña vaya a limitarse tan sólo a los miembros del PCCh, como inicialmente anunció Zhao Ziyang, líder que acumula actualmente el puesto de primer ministro y el de secretario general del partido, tras el cese de Hu Yaobang.

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El Ejército Popular Chino, con sus 3,5 millones de soldados y sus influyentes jefes conservadores, ha recibido también instrucciones para trabajar políticamente en esta nueva fase china de lucha contra el liberalismo burgués, por ser considerado como "una fuerza importante en la construcción socialista", según las últimas directrices del PCCh, difundidas en la Prensa china.

"A mí no me afecta esta campaña contra el liberalismo burgués", comenta a media voz un hombre de negocios chino, vestido con traje, chaleco y corbata, ironizando con un "espero que en este restaurante no haya micrófónos".

Este sentimiento del control omnipresente bajo el que parecen vivir los chinos es sobre todo patente en sus esporádicos contactos con extranjeros occidentales, lógicamente valorados hoy en China como la más clara expresión de liberales burgueses.

Las advertencias de que la campaña contra el liberalismo burgués puede llegar a cualquiera la ha vivido estas últimas semanas la comunidad de corresponsales extranjeros en Pekín, tras la expulsión a finales del pasado mes de enero de un periodista de la agencia France Presse, Lawrence Mac Donald, acusado de actitudes impropias de un periodista, según la versión oficial china, por haber hablado con estudiantes en la universidad de Tianjin durante la época de las manifestaciones proaperturistas del pasado mes de diciembre.

Nuevos mandarines

John Burns, corresponsal del diario The New York Times, fue también expulsado de China el pasado verano por haber viajado a zonas prohibidas para los extranjeros, en un país donde fotografiar un puente puede ser considerado como violación de un secreto de Estado.¿Cuáles serán la profundidad y el alcance de la actual campaña contra el liberalismo burgués? Ningún observador extranjero se aventura a dar una respuesta. Todas las hipótesis quedan abiertas, al menos hasta la celebración del próximo congreso general del PCCh, previsto para mediados del próximo mes de octubre en Pekín. Será en ese 13º Congreso General del PCCh donde deberá dilucidarse cuáles serán los nuevos mandarines del PCCh que deberán sustituir al veterano Deng Xiaoping, de 82 años de edad, en lo que actualmente parece ya una lucha por el poder en China.

Hoy por hoy, el tono va hacia la línea conservadora, como ilustran mil y un pequeños ejemplos. "Mis interlocutores de ayer vestían otra vez traje Mao, mientras que en octubre iban todos con camisas blancas y corbatas", comentó un hombre de negocios occidental, buen conocedor de la mentalidad china, un tanto asombrado por el regreso, en muchos ambientes, del traje Mao, en un clima de campaña ideológica que podría llegar a afectar también el ambiente de la apertura económica china.

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