'Falcon Crest'
Estoy desolada. Me ha contando mi vecina que nos están por quitar Falcon Crest de la programación de la tarde. ¿Por qué cada vez que alguien nos da gusto con la tele, viene otra y nos cambia el programa? Yo, que me paso leyendo sesudos ensayos (entre otras cosas, para ver si me dan trabajo los inteligentes de este país) con la desusada intención de comprender este mundo, que me quedo hecha cisco con las notis del tele de las tres, que buscoi lo! grandes interrogantes de todos los tiempos entre las estanterías de mi biblioteca y la barra del bar que tengo debajo de casa, óigame bien, señor director, ¡necesito Falcon Crest como sucedáneo de la siesta españolal Es en esa teleserie donde más he aprendido sobre las cuestiones de la vida. Su cuántum de libido supera a cualquiera otra en su género: apenas enseña un beso apasionado, pero su trama de sábanas revueltas con sucesivos cambios de pasajeros por las costosas camas del valle de Tuscany es más didáctica sobre los misterios del deseo y del poder que cualquier tratado de sociología y psicoanálisis. Falcon Crest me ha enseñado qué es una mujer, lo absurdo e inútil del discurso feminista (aunque haya que seguir en la brecha); me parece, además, una bonita muestra (creo que sus decorados están puestos por un mueblero español... ¿o me equivoco de pastiche?, de cómo se puede amar y mantener unida a una familia con problemas de dinero. ¡Qué vida más fantástical Hoy, un terremoto; mañana, un asesinato; pasado, un útero prestado ¿Quién puede afirmar que un día no nos traerá la eutanasia? Y, cosa curiosa: nadie se escandaliza de lo que pasa en América. Aquí, lo que pasma son Las Vulpes. Y, ahora, que va de problemas generacionales, también me está dando las claves para entender a mi cuñada, una bruja la pobrecilla. Yo creo que todas las mujeres queremos ser Ángela Channing, malas, bien malas, pero cubiertas de joyas y vestidas por Óscar de la Renta. Además, ellos, los ricos, saben ser algunas veces buenos y cariñosos. Desde aquí le pido a la Maruja Torres y al Cueto que pongan una tecla en Flandes sobre el tema. Y a mi amigo Jesús Hermida no le voy a perdonar que nos robe Falcon Crest de la tarde para llevárselo a chupar público en su mañana. ¡Con todos mis respetos!-
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