Cabezas bien llenas
He leído con cierta sorpresa la carta de un colectivo de profesores, encabezado por Mercedes Rodríguez (EL PAÍS, 6 de octubre), en la que se critica la columna Escuela, de Vicente Verdú (EL PAÍS, 17 de septiembre). Sin entrar en el contenido de la citada columna, sí quisiera hacer unas observaciones:
1. No a los extremismos. La obsolescencia, de muchos de los postulados del antiguo concepto de enseñanza no debería dar paso, en un movimiento de reacción acrítica tal vez comprensible pero criticable, a la idea de una enseñanza como "mayeútica".
2. Es bastante graciosa la última observación de la carta. Este sujeto "productor de su propio conocimiento" me recuerda al yo fichteano, que se pone a sí mismo, en una pírueta conceptual que, si bien es permítida en filosofía, resulta ridícula cuando se refiere a un organismo que no puede produe conocimiento desde sí rriísmo, ya que, como, por lo demás, es bien sabido, son los procesos de socialización exteriormente dirigidos los que proveen al individuo de casi todo lo que sabe.
3. Es muy loable todo impulso de la creatividad individuaL Pero, como se aprecia en las figuras más importantes de todos los tiempos, las grandes óbras suceden a períodos de intensa formación acumulativa. Las cabezas bien hechas son, en gran parte de los casos, también cabezas bien llenas.-
Alcorcón, Madrid.


























































