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LA CAMPAÑA ELECTORAL

Sáenz de Ynestrillas y otros dos militares, asesinados en Madrid

Dos jefes militares y un soldado murieron ayer en Madrid en un atentado terrorista ocurrido a las 14.34 en la avenida del Manzanares, junto a la autopista de circunvalación M-30. Los muertos son el teniente coronel Carlos Vesteiro Pérez, de 50 años; el comandante Ricardo Sáenz de Ynestrillas, de 51 años, y el soldado conductor Francisco Casillas Martín, madrileño, de 19 años, que hacía el servicio militar como voluntario. El atentado, cuya autoría la policía atribuye a ETA, fue cometido por dos hombres y una mujer, jóvenes, de talla media y edades comprendidas entre 25 y 30 años, que dispararon fuego de metralleta sobre el vehículo en el que los militares regresaban a sus domicilios desde la Capitanía General, donde estaban destinados en la jefatura de personal.

Los terroristas se habían apostado, cubriendo sus armas con papeles de periódico liado con cinta aislante, sobre la acera de la avenida del Manzanares frente al portal número 36, donde vivía, el comandante Sáenz de Ynestrillas, en las inmediaciones del estadio Vicente Calderón. El autómovil Seat 124, de color azul oscuro, matrícula ET-70013 1- 1, en el que viajaban los tres militares, avanzaba por la avenida en el trecho, comprendido entre las calles de San Conrado y San Rufo. Allí fueron halladas posteriormente dos bolsas de deportes, presumiblemente utilizadas por los terroristas.Un testigo presencial de los hechos relató a Efe que "uno de los terroristas metió la metralleta por la ventanilla del coche para rematar al teniente coronel Sáenz de Ynestrillas, que ocupaba el asiento de atrás,".

Poco después del atentado la policía puso en marcha la operación Jaula, para cerrar Madrid con controles, pero la levantó una hora después.

Ayer, tanto el Ministerio de Defensa, a través de la DRISDE (Dirección General de Relaciones Informativas y Sociales de la Defensa), corno en el Cuartel General del Ejército de Tierra se negaron a comentar el atentado, y no hicieron público ningún comunicado sobre los hecho.

El teniente coronel Vesteiro, que nació el 4 de agosto de 1935, pertenecía al arma de Infantería y era especialista en automovilismo y carros de combate. El comandante Sáenz de Ynestrillas nació en 1936, estaba casado y tenía tres hijos; fue procesado y condenado por su participación en la operación Galaxia.

Testigos

"Yo venía de comprar el pan", dice la enfermera María Sánchez, de 39 años, domiciliada en la calle de San Conrado. "Fue entonces cuando escuché el ametrallamiento. Me aproximé allí para ver qué sucedía y vi a los dos jóvenes, uno a cada lado de la avenida, que huían, abriendo fuego, en dirección a la calle de San Conrado, donde les esperaba un vehículo de color gris plateado".

Según la testigo, los terroristas, tras realizar el atentado, en el que emplearon al menos 50 proyectiles, dispararon hacia las aceras para intimidar a los transeúntes y abrirse paso de esté modo.

"Estaba muy asustada. Los autores del atentado dispararon para amedrentar a los transeúntes, algunos; de los cuales se echaron al suelo para protegerse. Inmediatamente corrí hacia el vehículo, porque soy, enfermera y pensé que podría ayudar a los heridos. Dos de sus ocupantes estaban muertos. Un tercero, que viajaba atrás, en la parte: derecha, (el teniente coronel Vesteiro) conservaba un hálito de vida. Un joven se aproximó corriendo. '¡Es mi padre!', dijo el muchacho, hijo de Sáenz de Ynestrillas", señala María Siaichez. "Un médico examinó conmigo a las víctimas. Supimos que habían muerto. Al poco vi a un hombre provisto de un arma. Me asusté, pero me dijo que era policía y me tranquilicé".

María Sánchez conservaba media hora después del atentado una rosca de pan en su brazo izquierdo y en su antebrazo derecho mostraba una mancha de sangre de los militares muertos.

"Estoy muy nerviosa, compréndanme", señaló la enfermera, que en ocasiones iniciaba un balbuceo próximo al sollozo. "Quiero informarles para ver si de esta manera puedo contribuir a que esto termine", dijo María Sánchez, con serenidad.

Su actitud contrastaba con la de numerosos curiosos que ocupaban las aceras próximas.

Intentó salir

Dos de las víctimas, el comandante Sáenz de Ynestrillas y el conductor, Francisco Casillas, se hallaban abatidos sobre los asientos, delantero y trasero, respectivamente, del autómovil en el que viajaban. El cuerpo del teniente coronel Vesteiro Pérez se hallaba tendido sobre el suelo, en la parte posterior derecha del automóvil, hecho que permite suponer que pudo intentar salir del Seat 124, cuyas cristaleras quedaron hechas añicos por los numerosos impactos de bala disparados contra el automóvil.

La disposición de los orificios de los impactos perrifite deducir que los terroristas dispararon apostados en el lado izquierdo de la calle, de una sola dirección, según el sentido por el que circulalba el vehículo, y que el automóvil, que siguió circulando unos metros, recíbió asimismo disparos desde atrás, cuyos impactos aparecían sesgados en la zona del capó trasero del Seat. Cuatro vehículos más, que se hallaban estacionados a lo largo de la Avenida del Manzanares, resultaron tiroteados durante el ametrallamiento.

Policía accidentado

Según los testimonios de la enfermera María Sánchez, los autores del atentado eran según ella dos jóvenes y medían aproximadamente 1,70 metros el varón y 1,65 la mujer. Subieron apresuradamente al automóvil y huyeron por la calle de San Conrado. Otras versiones citan a dos hombres y a una mujer, jóvenes, como integrantes del comando terrorista.

Un motorista de la Policía Municial, alertado del hecho, emprendió una veloz salida tras los asaltantes, pero su moto derrapó y el agente cayó al suelo.

La matrícula del vehículo Renault 9 de color gris metalizado empleado por los terroristas era M-6677-FU, que, según unos testimonios, fue hallado una hora y media después, en la calle de Peñuelas, a la altura del número 13, próxima al paseo de Santa María de la Cabeza. Esta calle dista algo más de un kilómetro del lugar del atentado. Fuentes de la Delegación del Gobierno informaron que la placa de la matrícula correspondía a la de una motocicleta.

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Sáenz de Ynestrillas y otros dos militares, asesinados en Madrid

Viene de la página 13La misma fuente informó que un equipo de artificieros acudió al lugar donde se hallaba estacionado el automóvil empleado por los terroristas, con el objeto de examinarlo, por si albergaba en el interior un explosivo. Tras un minucioso examen, los artificieros descubrieron que no existían explosivos dentro del coche.

Algunos testimonios más, citados por la agencia Efe, destacaron que un vehículo de las mismas características, con dos hombres jóvenes y una mujer, fije visto poco después del atentado en las inmediaciones de la facultad de Ciencias Biológicas, en la Ciudad Universitaria de Madrid.

Huida

Se desconoce la vía de huida empleada por los terroristas después de cometer el atentado, ya que el lugar donde fue realizado tiene varias salidas. La primera de ellas desemboca en la autopista de circunvalación M-30, dirección sur, que discurre paralelamente a la avenida del Manzanares y a la que se accede por un pasaje angosto situado en la calle de San Ambrosio, a unos 100 metros del lugar del atentado. Esta vía permite adentrarse de nuevo en el casco urbano de Madrid.

Otra de las posibles salidas conduce a la Vía Carpetana, que conecta la zona con la parte posterior del cementerio de San Isidro y Carabanchel. Una tercera permite acceder a la M-30, dirección norte, si bien los terroristas, para emplearla, tendrían que haber cruzado por delante del vehículo ametrallado, hipótesis que se descarta.

Una salida más, a través de un paso elevado sobre el río muy próximo a la calle de San Ambrosio, pudo permitir a los terroristas alcanzar, por el paseo de los Pontones, la zona de la Puerta de Toledo.

En este área fue donde encontró cobijo un grupo perseguido por la policía como sospechosos de haber asesinado, el pasado mes de febrero, al almirante Cristobal Colón de Carvajal. Entonces se pensó inicialmente que se trataba del comando España, de ETA pero posteriormente se dijo que los huidos eran delincuentes comunes.

Los cadáveres de los tres militares permanecieron en el lugar del atentado hasta que el juez de guardia, Carlos Bayer, titular del Juzgado número 14 de los de Madrid, ordenó su levantamiento, alrededor de las 16.30 liras. Los cuerpos de las víctimas fueron trasladados en un furgón judicial al Instituto Anatómico Forense, donde les fue practicada la autopsia. A media tarde, la capilla ardiente quedó instalada en el hospital militar Gómez Ulla. El funeral por las víctimas se celebrará a las once de la mañana de hoy en el Cuartel General del Ejército.

Numerosos efectivos de la Policía Nacional, Policía Municipal, así como contingentes de Policía Militar y Aérea fueron desplegados en la zona. El ambiente en el lugar de los hechos, donde existen numerosas viviendas militares, fue de tensión durante ese tiempo. Las víctimas residían en el barrio desde hace 23 años, según informaron varias vecinas.

Juan Barranco, alcalde de Madrid, que acudió al lugar del atentado poco después de que éste fuera perpetrado, fue abucheado por algunos vecinos y curiosos, que se agolpaban en las aceras.

También profirieron insultos contra los periodistas literarios y gráficos que cubrían la información del suceso.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 18 de junio de 1986

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