La expedición
madrileña al Everest decidió regresar a la vista de que el mal tiempo había perjudicado los últimos intentos de alcanzar la cima. Dos de los expedicionarios habían conseguido, establecer un campamento a 7.600 metros de altitud. Pero la montaña estaba en muy malas condiciones y el mismo descenso se hubo de realizar en penosas circunstancias.


























































