Álvaro, Torrente,
y no Gonzalo Torrente Bailester, ha sido el auténtico beneficiario del Premio Cervantes de Literatura, o al menos así parece haberlo interpretado él. Desde hace años, Álvaro, uno de los 11 hijos del catedrático jubilado y escritor de vocación que recibió el lunes el famoso galardón, se dedica a la música, pero no tenía piano; practicaba gracias a un amigo que le ha prestado hasta ahora el indispensable instrumento. Parte de los 10 millones de pesetas que el autor de Los gozos y las sombras recibió el lunes serán para comprar ese codiciado objeto. "Es la mejor consecuencia de la escritura de mi padre", decía en broma el joven pianista sin piano.
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