La metamorfosis de un fanático

ALEX MARTINEZ ROIG, Ha transcurrido exactamente un año desde que la actriz Tatum O'Neal, hija del también actor Ryan O'Neal, irrumpió espectacularmente en el Madison Square Garden de Nueva York, enfundada en un aparatoso abrigo de pieles, para presenciar un encuentro de John McEnroe en el Masters de 1985. Fue una sorpresa para la Prensa, que no había olido el romance, que se confirmó unas semanas después cuando se supo que Tatum había desembarcado con decenas de maletas en el apartamento de John, cercano a Central Park. Un año después, John sigue enamorado, Tatum está embarazada, y la boda ha sido anunciada para el 17 de febrero.

Los 12 meses vividos junto a Tatum O'Neal han cambiado totalmente la vida de John McEnroe. Educado de forma estricta -su madre le castigaba cuando no conseguía las mejores notas-, McEnroe creció como un perfecccionista.

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La vida de McEnroe transcurrió, desde los 18 hasta los 25 años, entre las paredes de las impersonales habitaciones de centenares de hoteles, que sólo abandonaba para salir a las pistas a ganar los encuentros. La monotonía sólo quedaba rota cuando se presentaban sus amigos -entre ellos el también tenista Vitas Gerulaitis- y John podía divertirse con su guitarra o visitando alguna discoteca.

Tatum rompió esos esquemas. Nadie sabe cómo lo ha conseguido, porque es algo que pertenece a la vida estrictamente personal de la pareja, pero McEnroe ya no es un fanático del tenis. Acostumbrado a viajar solo, en 1985 ha estado casi siempre acompañado por Tatum. En París, en la fiesta en la que McEnroe recibió el premio al mejor jugador del año 1984, los presentes cuentan que Tatum fue la mujer más divertida de la noche, hasta el punto que necesitó ayuda para poder abandonar la sala. McEnroe siempre se había aburrido mucho en este tipo de fiestas.

El acoso de la Prensa, que sí descubrió enseguida el embarazo de la actriz, se convirtió en la principal preocupación para McEnroe, que se mostraba comedido y razonable a la hora de explicar sus derrotas de Roland Garros, Wimbledon y Flushing Meadow. Eran derrotas que no parecían importarle tanto como en años anteriores. En 1985 llegó a renunciar incluso a la Copa Davis y a los torneos de dobles, donde antes decía divertirse.

Ahora, tras perder en el Masters, McEnroe dice que necesita más entrenamiento y dedicación. La crisis de juego te ha llegado a los 26 años -cumplirá 27 en febrero-, la misina edad con la que Bjorn Borg decidió retirarse. McEnroe aún no tiene en su vocabulario la palabra retirada. La falta de motivación por el juego, sin embargo, confirma la tesis de que los tertistas se queman ahora más pronto porque comienzan a desgastarse a una edad más temprana.

Aun en plena crisis, McEnroe mantiene limpio su prestigio entre sus rivales. Quizá porque saben que en cualquier momento el genio de este jugador intuitivo puede volver a amargarles un partido. O quizá porque envidien su nueva felicidad.

Sobre la firma

Alex Martínez Roig

Es de Barcelona, donde comenzó en el periodismo en 'El Periódico' y en Radio Barcelona. En EL PAÍS ha sido redactor jefe de Deportes, creador de Tentaciones, subdirector de EPS y profesor de la Escuela. Ha dirigido los contenidos de Canal + y Movistar +. Colabora con Morena Films y Penguin Random House.

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