Las conclusiones del sínodo
( ... ) Por lo pronto, parece evidente que se hace más hincapié en la Iglesia como realidad mistérica -espiritual y sacramental- que como pueblo de Dios, que camina en medio del mundo.Tras salir abiertamente al encuentro del mundo en el concilio Vaticano II, ahora se observa como un repliegue. Se cierran ventanas para que no entre la contaminación. Y se ofrece una visión ciertamente pesimista de la marcha del mundo, un mundo en crisis, dominado por sus propias conquistas, secularizado, corrompido y corruptor, mientras se recupera la confianza en el poder transformador de lo religioso.
Se trata de evitar que la Iglesia se contamine en este imprescindible diálogo con el poder temporal; es decir, que se convierta en mundo. La Iglesia no puede secular¡zarse, ni democratizarse, ni confundirse con una simple realidad sociológica o una gran multinacional. Tras este sínodo, la teología de la liberación va a encontrar muchas más dificultades.


























































