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Indiferencia popular en Galicia ante el adelanto de la campaña electoral de los líderes políticos

Santiago de Compostela

Una cierta atonía lindante con la indiferencia ciudadana es el primer reflejó de la intensa precampaña para los comicios gallegos del próximo mes de noviembre, pese a la ronda inicial de visitas de líderes nacionales, como Alfonso Guerra, Manuel Fraga o Miquel Roca, que se completará a primeros de octubre con el viaje de Adolfo Suárez, presidente del Centro Democrático y Social. Tradicionalmente abstencionista, el electorado gallego parece reducir a cosa de políticos el proceso de renovación de su Parlamento autónomo.

La precampaña, abierta al comienzo del verano por el líder de Alianza Popular, Manuel Fraga, ha adquirido rango de auténtica campaña electoral durante las dos últimas semanas con las visitas de los dirigentes reformistas Antonio Garrigues y Miquel Roca, la del socialista José María Benegas y la del propio secretario general del PSOE, Felipe González, aunque este último visitase en Vigo la Feria Mundial de la Pesca en su condición de presidente del Gobierno. Los incidentes protocolarios con el presidente de la Xunta, Gerardo Fernández Albor, que se consideró relegado durante la visita, no dejaron de reflejar el carácter directa o indirectamente electoral que cualquier acto público tiene en estos momentos en Galicia.De hecho, la precampaña se desarrolla hasta ahora por vía esencialmente institucional. La reciente presencia de Manuel Fraga en dos actos inaugurales de obras realizadas por la Xunta fue contestada de modo indirecto una semana después por el ministro de Obras Públicas, Javier Sáenz Cosculluela, quien se desplazó a Galicia para visitar obras de su departamento y confirmar la construcción del tramo Santiago-Pontevedra de la autopista del Atlántico, en el que se invertirán 18.000 millones de pesetas.

Tampoco las autoridades locales han querido dejar pasar la ocasión de utilizar los Ayuntamientos como base electoral, lo que en algunos casos ha planteado curiosos problemas. En Lugo, por ejemplo, la corporación -con mayoría de AP- ha elegido la fiestas de San Froilán para rendir al escritor galleguista Ánxel Fole un homenaje aprobado hace varios meses y pospuesto hasta ahora. Fole, nada próximo ideológicamente a Alianza Popular, podría no asistir a los actos que se le dedican ante la posibilidad de que su prestigio literario y humano fuese utilizado.

En Vigo, una simple cena de clausura de un campeonato de fútbol de playa le pareció ámbito adecuado al alcalde, el socialista Manuel Soto, para sugerir que el mundo está dividido entre explotadores y explotados, y que él, personalmente, opta por estos últimos. La declaración, en apariencia extemporánea, se justificaba por la presencia de Fernández Albor, quien se limitó a comentar que aquél no era el momento apropiado para continuar la lucha electoral.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 24 de septiembre de 1985

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