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El arzobispo de Santiago critica la despenalización del aborto en un discurso político durante la ofrenda al Apóstol

Santiago de Compostela

El arzobispo de Compostela, Antonio Rouco, pronunció ayer en la catedral de Santiago un discurso de fuerte contenido político, en su respuesta formal a la ofrenda al Apóstol presentada momentos antes por el delegado del Gobierno en Galicia, Domingo García Sabell. El arzobispo criticó expresamente la despenalización parcial del aborto promovida por el Gobierno, y de forma indirecta la proyección en España de la película Je vous salue, Marie, del director francés Jean-Luc Godard. Antonio Rouco aseguró que el aborto conculca los derechos humanos y lamentó las "presentaciones injuriosas incluso de las figuras más queridas de la fe, como es la propia Madre del Salvador".

Pese a su carácter puramente formal y a su teórico ámbito religioso, la ofrenda nacional al apóstol, que tradicionalmente efectúa en nombre del Rey una personalidad designada por la Zarzuela, ha servido de pretexto en distintas ocasiones para la expresión de opiniones más o menos polémicas sobre problemas políticos de actualidad.A diferencia de otros años, en que los discursos de contenido político, de tono fuertemente crítico y hasta catastrofista fueron pronunciados por los oferentes de turno -en general, altos cargos militares-, en esta ocasión la inesperada intervención política corrió por cuenta del representante eclesiástico, que tradicionalmente se había venido limitando a dar orientaciones de estricto alcance religioso.

Antonio Rouco, que ocupa el arzobispado de Santiago desde el nombramiento de Ángel Suquía para la diócesis de Madrid-Alcalá, en junio de 1983, pidió directamente al representante del Gobierno en Galicia, en funciones de oferente, "el respeto al derecho del ejercicio de la libertad religiosa".

Un respeto que, a su juicio, "ha de ser positivo y adecuado a la importancia histórica y a la realidad actual de la fe católica que profesa la mayoría de los españoles; un respeto que se exprese en los términos de cooperación que la propia Constitución española en su artículo 14 reclama".

El arzobispo se refirió también a la reciente integración de España en la CEE, "nobilísimo esfuerzo", dijo, que, sin embargo, "no debe engañarnos sobre las reales dimensiones del problema europeo". Tal problema consiste básicamente, según Antonio Rotico, en una "honda crisis de valores" que desde su punto de vista se manifiesta en "la implantación progresiva de la llamada legislación despenalizadora o legitimadora de la interrupción voluntaria del embarazo, a la que acaba de sumarse España con una versión tan moralmente injusta como la de los países que la habían introducido anteriormente en su ordenamiento jurídico".

"El proyecto de unidad europea", concluyó el arzobispo, "no avanzará si no se ahonda en los fundamentos trascendentes de la persona humana, o, lo que es lo mismo, sin una conversión europea a sus orígenes cristianos".

El nombramiento del actual arzobispo de Santiago suscitó en su momento una fuerte corriente de contestación entre los sectores eclesiásticos más progresistas de Galicia, que veían en Rouco un eventual continuador de la política conservadora seguida al frente de la diócesis por su antecesor, el actual cardenal de Madrid, Ángel Suquía.

La intervención previa del delegado del Gobierno, Domingo García Sabell, había sido construida también sobre el tratamiento de la cuestión europea, aunque desde un punto de vista mucho más abstracto. García Sabell hizo una invocación genérica a la libertad y la dignidad del hombre como fundamentos superadores de la actual crisis europea, para referirse después al Estado de las autonomías como potenciador de la diversidad cultural de España.

"Pienso", afirmó, dirigiéndose con la actual fórmula retórica al apóstol, "que la tarea de estructurar el Estado de las autonomías puede despertar el miedo a la desintegración de la unidad de España, de esta unidad de España que vos, señor Santiago, atendísteis con vuestra valiosa solicitud".

"Pensemos", añadió, sin embargo, "que la unidad no es uniformidad: por eso la palabra España, para nosotros, ante los demás pueblos, expresa algo nuestro, algo que nos pertenece, algo que llevamos muy enraizado en lo más hondo del corazón". Concluyó invocando la necesidad de alcanzar una patria "unitaria y pIuritaria".

Por otra parte, ayer, y coincidiendo con la festividad de Santiago y los actos oficiales que se desarrollaron en la catedral, varios miles de personas -8.000 según la Policía Municipal y 25.000 según los organizadores- participaron en una manifestación convocada por el Bloque Nacionalista Gallego, en la que fueron coreados vivas a ETA Militar y lemas en favor de la independencia de Galicia y contra la integración en la CEE.

Manifestación nacionalista

Organizada para conmemorar el Día de la Patria Gallega (oficialmente, día nacional de Galicia), la manifestación adquirió un carácter notablemente más radical que las de anteriores años, en las que apenas se habían hecho apelaciones a la independencia de Galicia.

El recorrido por las calles de la ciudad concluyó en la plaza de Quintana, próxima a la catedral, donde los distintos oradores recordaron el décimo aniversario de la muerte de Xosé Ramón Revoires, militante nacionalista abatido a tiros por la policía en El Ferrol durante una operación contra una incipiente organización armada que promovía en 1975 la Unión del Pueblo Gallego. Xosé Manuel Beiras, dirigente del BNG, criticó duramente la política del Gobierno y calificó de "canijo" al vicepresidente, Alfonso Guerra.

Representantes de Herri Batasuna, Unidad Popular Castellana y del Frente Popular para la Liberación de Palestina participaron como invitados en la manifestación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 26 de julio de 1985

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