Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
La integración en la Comunidad Europea

El discreto encanto de ser 'eurodiputado'

Parlamento Europeo: de Albacete a Estrasburgo, con escala en Bruselas y Luxemburgo

Cuando, el próximo miércoles, España firme el tratado de adhesión a la Comunidad Económica Europea, los sueños de un buen número de parlamentarios españoles empezarán a atisbar su futuro europeo. Seis meses después, 60 miembros de las Cortes españolas recibirán el maletín de eurodiputado, con pasaje directo a Estrasburgo. Tres semanas de cada cuatro, el eurodiputado español repartirá su quehacer entre Bruselas, Luxemburgo y Estrasburgo para, junto a sus nuevos 434 compañeros, conseguir una Europa unida.

Los primeros eurodiputados designados que recibirán la bienvenida en el Parlamento Europeo el 1 de enero próximo tienen muchas posibilidades de repetir mandato, esta vez no ya elegidos por las cúpulas de sus partidos, sino por el pueblo, cuando se convoquen las primeras elecciones en España a la Asamblea Europea, que todo el mundo sitúa en junio de 1986, simultáneamente con las generales. Si no, ha conseguido hablar fluidamente francés e inglés, si la persistente lluvia europea le deprime extraordinariamente, si su vida familiar amenaza resquebrajarse y echa de menos el incómodo escaño del palacio del Congreso o el de la plaza de la Marina Española, entonces, ese eurodiputado pedirá a su partido que presente a otro compañero con mayor vocación europeísta porque él quiere seguir haciendo campaña en Zamora. Algunos ya adelantan que no les conmueven las 700.000 pesetas mensuales, ni el Mercedes que pueden comprarse libre de impuestos,ni la secretaria que estará a su disposición.El mutismo sobre la composición de la primera lista de 60 parlamentarios que irán en enero al Parlamento Europeo es absoluto, y la situación recuerda mucho al momento previo de elaborar listas para cualquier elección nacional. El contundente símil de Alfonso Guerra, pronunciado después de que el PSOE ganara las elecciones de octubre, acerca del difícil futuro de quien mostrara un exceso de entusiasmo por un cargo pesa de forma indeleble en la conciencia de los aspirantes socialistas. "Esto es como el fotomatón: quien se mueve mucho no sale en la foto", diría Guerra, para angustiade los que habían visto su nombre en los medios de comunicación con cierta asiduidad.

Hacer un papel digno

Ahora ocurre lo mismo, y no sólo en el PSOE. "A mí me gustaría, pero yo no sé nada; lo que diga el partido", responde indefectiblemente aquel diputado sobre el que no hay la menor duda de que irá a Estrasburgo. Eso sí, son muchos los que se prestan a hablar en abstracto, como si no fuera con ellos, sobre los alicientes o inconvenientes de ser eurodiputado. "El que vaya tiene que ser un tipo desprendido, idealista, más preocupado por el futuro que por el presente; estar firmemente convencido de que Europa tiene que ser un todo unido en lo económico y en lo político, y superar los egoísmos nacionales", explica un diputado catalán.

"Trataremos de armonizar el gusto de los diputados con las necesidades del partido y del Parlamento, sin olvidar que las Cortes españolas no pueden quedar desguarnecidas y que, hasta las próximas elecciones, los parlamentarios que vayan tendrán que simultanear su trabajo de allí con el de las Cámaras españolas. Evitaremos llevar a nladie por el cuello", afirma el presidente del Grupo Socialista, Javier Sáenz de Cosculluela. Difícil se presenta esta combinación de intereses para no privar al Parlamento español de gente valiosa al tiempo de enviar a Europa una representación capaz de realizar un papel digno.

"Hay quien te anima a que vayas al Parlamento Europeo, e incluso lo propaga, con la esperanza de que dejes un escaño libre y le incluyan a él en las próximas elecciones generales al Congreso. Ése es mi caso, pero van listos, yo no me voy", comentaba un dirigente castellano del Grupo Popular. Le resulta enloquecedor a este parlamentario español el presupuesto teórico de pasar una semana en Estrasburgo -trabajo en pleno-, la siguiente en Bruselas -integrado en una de las 17 conusiones que existen en el Parlamento Europeo- y la última en Luxemburgo, reunido con el grupo ideológico al que se esté adscrito. En fin, un auténtico saltimbanqui. No le parece suficiente saber de antemano que gozará de una semana libre al mes para reencontrarse con los suyos, dedicarse a sus aficiones y, sobre todo, no desaparecer de la vida y del favor de sus votantes en la provincia.

El número de aspirantes a eurodiputados ha disminuido sensiblemente, produciéndose una selección natural, desde que se supo que es necesario conocer perfectamente la lengua inglesa o francesa. Saben que ir a Estrasburgo sin saber idiomas es una condena segura al aislamiento, amén del riesgo de hacer uno de los más espantosos ridículos. Y es que las Cámaras españolas no gozan precisamente entre sus miembros de un elevado número de políglotas. A pesar de que, una vez que España ingrese en las instituciones comunitarias, de inmediato esta lengua pasará a ser oficial, el sistema de traducción simultánea no le servirá al eurodiputado para más allá de un 10% de su trabajo. El resto se desenvolverá en pasivos y despachos, y en cualquier lengua europea menos la castellana.

Difícil retorno

Pero no hay muchos a quienes les entusiasme la idea de deambular 21 días al mes de hotel en hotel, de avión en avión y en ciudades que, en opinión de un fustrado aspirante a eurodiputado, "invitan más a la reflexión que al divertimiento". Hay quien ve el Parlamento Europeo como "un paso hacia adelante, pero de difícil retorno". Esto es, que no vuelvan a contar con él para las elecciones generales en España y pierda su vinculación con la provincia que

El discreto encanto de ser un 'eurodiputado'

le vio políticamente nacer. "La vanidad de ser los primeros diputados españoles que fueron a Europa pesa en algunos", afirmaba un parlamentario de los que quieren ir e incluso repetir en el futuro, con la esperanza de contar a sus nietos que él contribuyó a que Europa fuera una y libre.Estos convencidos europeístas adornan su relato con detalles poco importantes, como que en el Parlamento Europeo el sueldo se acerca a las 700.000 pesetas mensuales, que la condición de eurodiputado permite comprar un BMW por algo más de 400.000 pesetas, cierto número de viajes gratuitos por todas las capitales europeas y un sistema de trabajo muy cómodo, con secretarias y expertos técnicos por doquier. Un clima apropiado, dicen, para trabajar con entusiasmo en la consecución de un verdadero mercado interior europeo, el reforzamiento del sistema monetario, la búsqueda de la identidad exterior y la seguridad de Europa.

Aunque lo que llaman "la idea de Europa" no ha calado en exceso en muchos padres de la patria, en esta legislatura, el contacto con organismos de la Europa comunitaria se ha incrementado notablemente, por lo que muchos ya conocen en directo cómo trabajan sus colegas en Europa, y tal como lo perciben lo cuentan en el palacio del Congreso por sí prende la semilla europea. Los más viajados y, por tanto, los máximos propagadores de la idea son, sin duda, los 19 miembros del comité mixto Cortes-Parlamento Europeo.

Aunque él no quiera reconocerlo, sí hay un candidato firme al Parlamento Europeo, que es el socialista Luis Planas, miembro actual permanente por los socialistas españoles ante el Grupo Socialista del Parlamento Europeo. Será muy difícil prescindir del vallisoletano, también socialista, Juan Colino, por su alta especialización en agricultura. También por su saber en las cosas del campo, el aliancista Antonio Navarro es otro casi seguro candidato.

Del partido de Fraga apuntan como eurodiputados los senadores Carlos Robles Piquer y Luis Guillermo Perinat. El Partido Demócrata Popular propondrá al ahora diputado por Vizcaya Julen Guimón, que cuenta con las bendiciones de Óscar Alzaga. Por grupos parlamentarios, el reparto previsible quedará así: 36 del PSOE, 18 de AP, un centrista, uno por el grupo vasco -Jon Gangoiti es el candidato-, tres de Minoría Catalana y otro por el Grupo Mixto.

Al margen de las legítimas aspiraciones de cada diputado sobre sus vidas, lo tienen casi todo pensado en la dirección de los respectivos partidos, y los criterios para la designación parecen estar ya fijados: nombres de relumbrón para impresionar a los europeos, buenos técnicos y el habitual grueso de relleno de cualquier lista electoral, en el que se puede incluir por decreto al incómodo, al díscolo o al quemado, que puede dejar libre un escaño.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de junio de 1985

Más información