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NECROLÓGICAS

Enrique Azcoaga

Con la muerte del escritor y crítico de arte Enrique Azcoaga desaparece uno de los más insignes representantes de la generación intelectual de la II República española. En 1933 le fue concedido el Premio Nacional de Literatura por su libro Línea y acento, y tuvo un papel muy destacado, durante esa agitada y trágica década de los años treinta como escritor y animador de empresas culturales de vanguardia. Participó dentro de las actividades didácticas del célebre Patronato de Misiones Pedagógicas, institución ejemplar creada por la República. Fue asiduo colaborador en los diarios El Sol y Luz, y creó, también en aquellos años de su juventud, junto a Arturo Serrano Plaja y a Antonio Sánchez Barbudo, la revista titulada Hoja Literaria.Tras la guerra civil, fue uno de los fundadores, bajo la tutela de Eugenio d'Ors, de la Academia Breve de Crítica de Arte, solitario bastión en defensa del arte moderno en la durísima etapa de los años cuarenta, así como también fue el creador de las revistas Cartel de las Artes y Mairena. Eran, sin embargo, malos tiempos para quienes, como Enrique Azcoaga, luchaban en favor de una creación cultural necesitada siempre de libertad para existir, y aburrido del clima opresivo y de la vulgaridad ambiental, engrosó las filas de la emigración, marchándose a Latinoamérica, donde continuó con su actividad intelectual prolífica de conferenciante, publicista y editor. Residió durante once años en Buenos Aires, donde dirigió la revista Atlántida. A su regreso a España, en épocas más favorables, siguió empeñado con el mismo entusiasmo en la labor de siempre y mereció ser distinguido con el primer Premio Lázaro Galdiano, por su labor crítica, y asimismo fue nombrado no hace mucho presidente de la Asociación Española de Crítica de Arte.

Es imposible dar cuenta de la ingente cantidad de libros publicados a lo largo de su vida por Enrique Azcoaga, que trató los temas y géneros más diversos, aunque fuera más conocido por su labor como crítico de arte. Como poeta, escribió La piedra solitaria, El canto cotidiano, El poema de los tres carros, La dicha compartida, Dársena del hombre, Olmeda, etcétera; como novelista, El empleado, La arpista, Diana o la casualidad y La prueba del mar, finalmente, como crítico de arte, merecen recordarse sus estudios titulados Entregas, El cubismo, Goya, La escultura de Cristino Mayo, Redondela, Alberto, La pintura para vivir de Martínez Novillo, Las pinturas morales de Vela Zanetti, etcétera. Por lo demás, entre las muchas obras que dejó inéditas y deberán ser publicadas algún día, es de destacarse, por su importancia testimonial y calidad lírica, sus memorias, que, con el título de Diario de un ex muerto, ocupan varios volúmenes, donde se reflejan las ricas vivencias de este intelectual agudo y sensible.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 26 de marzo de 1985