¿Pertini? Inclasificable

( ... ) La gente le llama por su nombre, "Sandro, Sandro", como si fuera un compañero de partido, de movimiento, de fe, aunque sea socialista formalmente y ellos comunistas o católicos. Nadie le relaciona con un partido. ( ... )No tiene intereses. No le interesa la riqueza; no tiene hijos ni mujer (aunque la tiene, siempre comparece solo) ni familia. No tiene gente ávida que utilice su poder. Ni siquiera tiene necesidades. Está totalmente al servicio del pueblo. Una vez terminado el trabajo, desenchufa y vuelve a casa. Pasa sus vacaciones con los militares en Val Gardena. Como es viejo, ni siquiera va detrás de las mujeres. Es como un fraile franciscano que ha hecho votos de humildad, castidad y pobreza. ( ... )

( ... ) Entre 1976 y 1978 se produjo en Italia una enorme transformación política, casi como la fundación de otra República. Entre los grandes movimientos había un sindicalismo agresivo, corrientes políticas extremistas y el terrorismo. La democracia estaba en peligro. En silencio se hizo una gran coalición, una renovación del pacto constitucional. Tras la muerte de Aldo Moro, el sistema político cerró filas contra el terrorismo y lo desafió políticamente. Pertini es la expresión simbólica de ese proceso, de las exigencias que surgieron en ese momento, de la necesidad de unidad por encima de las divisiones, de la nueva fundación de la República en una vuelta a los orígenes. Con él ha revivido el mito de la resistencia.

Pertini no sólo es el hermano franciscano carente de necesidades y de nepotismos, ni tampoco el socialista igualitario y honesto. También es el partisano, el hombre que combatió contra el fascismo y el nazismo, con un hermano muerto en los campos de exterminio. Es el comandante victorioso, el liberador, el guerrero.

( ... ) Se dice que el presidente de la República es el símbolo de la nación. Pertini no sólo lo es por derecho, sino también por cultura. Representa la proyección de muchos símbolos positivos presentes en el pueblo, de cualidades que a la gente le gustaría ver en los políticos pero que después, en la práctica, ni siquiera cultivan en sí mismos. Por eso, a través suyo el país consigue dar una mejor imagen, más limpia, más honesta, más sencilla.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0003, 03 de marzo de 1985.

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