Cada uno juega a defender sus intereses

París juega estos días su última partida de póker con España, sólo que en lugar de cartas lo que tienen en la mano son antorchas con fuego. "¿Por qué dramatizan ustedes tanto? Batallas como esta van a ser el pan nuestro de cada día una vez que España entre en la CEE y no es lógico que cada encontronazo se interprete como un gesto de mala voluntad por nuestra parte". El funcionario francés está tranquilo e incluso encuentra un cierto placer en el vértigo de la negociación."Esta es una negociación que nos importa y jugamos a fondo para defender nuestros intereses, ¿por qué les parece mal?". El funcionario parece estar seguro de que todo el ir y venir de las últimas semanas es simplemente el baile necesario antes de llegar a un acuerdo. El riesgo, que París no cree, es que las últimas apuestas sean tan fuertes que el forastero, en este caso España, crea que no puede aceptarlas. "¿Jugar con fuego?. No, la adhesión de España está bien estudiada, la Comunidad sabe cuáles son los problemas y nosotros sabemos también dónde quema".
Entre los españoles, el clima es diferente. Sometidos a una permanente ducha escocesa, los negociadores españoles no saben ya si Francia juega una batalla táctica o si realmente está dispuesta a dejar pasar la ocasión. "La única forma de saber si alguien lleva un farol es soplar", afirmaba un técnico español. Lo que más desconcierta en París es la reciente vuelta a la vieja escuela, de palabras duras y gestos hoscos. Todos los que están o han estado involucrados en la negociación España-CEE sabían que existiría al final un mes dramático. Pero la última ronda se jugaba siempre, se jugó al menos así en el caso de las otras dos ampliaciones, sobre temas muy concretos. España ha entrado en el mes dramático en condiciones muy distintas: no nos separan de Francia algunos pequeños ríos sino auténticos Amazonas, no se discute de más o menos toneladas, sino de principios. Los precedentes no valen hoy para nada. La negociación para la adhesión de España es la más dura e insólita de todas las mantenidas por la Comunidad Económica Europea y por París.
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